Un día domingo, futbolero por tradición y después del baldazo de ajuste germano que sufrió la selección argentina, vale la pena pensar en algo que no sea el deporte más popular, como para quitarse de encima el sabor de la derrota. Aunque a veces no se pueda y algunos no quieran. Sobre todo si uno lee titulares con mala intención como el que nos propinó La Nación online apenas terminó el partido de ayer: "Alemania desnudó las falencias de la Argentina". ¿Qué quisieron decir el titulero y su mandamás de La Nación? ¿Que la Argentina tiene grandes falencias porque no hace su ajuste y que Alemania, cabeza del ajuste europeo nos dió una lección? ¿Es caprichosa la interpretación? Tal vez, pero uno tiene derecho a pensar que si Eliseo Verón no fuera actualmente parte interesada, porque es funcionario de un grupo mediático, tal vez se haría un picnic con el encabezamiento del segundo diario en importancia de la Argentina.
Pero mejor volvamos a la información y el periodismo. Cualquiera sea el punto de vista de análisis que se adopte acerca del rol de los medios de comunicación masiva y de los periodistas que en ellos o para ellos trabajan, habrá una coincidencia: Son indispensables para poner en común ciertos temas de actualidad. La pregunta que uno se formula a diario es, a partir de la precarización laboral y de la concentración de los medios masivos, ¿en qué lugar quedó la creación de ciudadanía?
Cada vez queda más claro que si se sumaran los trabajadores de prensa que están asalariados y concentrados al estilo fordista en empresas con redacciones, áreas administrativas y talleres, difícilmente se alcanzaría una cifra igual o superior a la de los periodistas precarizados: Monotributistas colaboradores que venden "servicio informativo" a cambio de lo que el empresario quiera pagarle; cooperativistas, microempresarios y grupos de autogestión que no ganan lo que un principiante en un diario; colaboradores "sub 24" que escriben durante años para los medios y los suspenden a la nota 23, para que no puedan pasar a "permanentes" y otros formatos de marginación, a veces aceptado por la propia víctima, paradójicamente, porque en una redacción no le permitirían trabajar 24 horas y al mismo tiempo cuidar a los pibes, hacer las compras, estudiar para un final o tomar unos mates con la novia o el novio.
Si hay algo que tienen en común todos los precarizados es que jamás tienen vacaciones; que duermen cuando pueden, si es que duermen; que desconocen lo que es el aguinaldo y mucho menos lo que es tomarse días para rendir un examen o enfermarse y que no sólo le conserven el trabajo sino que, además, ¡le paguen el sueldo! Eso es algo que una mayoría de los periodistas casi no conocen, salvo que tengan unos años encima o que hayan trabajado alguna vez en relación de dependencia.
Los precarizados-marginados propios del periodismo de la postmodernidad están sujetos a las presiones más excecrables, a sometimientos de su dignidad propios de la edad media o, para ser más rigurosos, del modo de producción esclavista.
¿Hay leyes que protegen contra el acoso sexual? Vayan a preguntarle a las colegas que necesitan escribir en un medio para darle de comer a sus hijos qué es el acoso y quién las protege.
¿Los trabajadores de prensa tenemos un Estatuto que dice que nuestra jornada laboral es de 6 horas y media? Vayan a explicarle a los que trabajan desde las 6 y hasta las 3 de la mañana del día siguiente, que comen frente a la computadora y que ni siquiera saben si su nota será publicada y si se la pagarán, que hay un Estatuto que los protege.
¿Hay libertad de conciencia para escribir? Vayan a explicarle a los colaboradores a los cuales mandan a hacer entrevistas a empresarios, que luego de entregadas serán corregidas por los propios empresarios, si la libertad de conciencia existe. ¿Que no las firmen? Vayan a explicarle a los quince o veinte colaboradores que visitan la misma redacción todas las semanas para escribir la misma nota, con las mismas características, a un precio más bajo y sin pruritos morales.
¿Los trabajadores de prensa tienen jubilación y deben pelear por el 82 por ciento móvil? Vayan a explicarle a los colaboradores que pagan el monotributo, su obra social y que se jubilarán inevitablemente, si llegan vivos, con el mínimo posible, porque no pueden acreditar sueldos sino los aportes del monotributo.
Tanta miseria han provocado reacciones diversas. Los marginados tienen la necesidad de que alguien los reconozca, que los acepte como periodistas. No es un problema de los que tienen 30 años de periodistas sino de los que recién comienzan y ya son marginalizados, sin que nadie los reconozca ni se ocupe de ellos. Cualquiera que los reconozca, que les brinde una credencial y los acepte puede aprovechar la ocasión, si es que prioriza las cuentas antes que la solidaridad. ¿Cuál es la solución?¿Protestar porque los aceptan?
Tal vez la solución no sea denostar a los marginalizados y repudiar a los que hacen uso electoral de ellos, porque al menos previamente los consideraron periodistas, aceptaron que son marginales y que están en inferioridad de condiciones, les dieron un lugar para usar una pileta y comer un asado y cada tanto los convocan para que griten contra alguien y se sientan parte de algo.
Otros los consideran transparentes, invisibles. Se olvidan de que hay quienes les niegan ser parte de cualquier cosa, los toman como mano de obra barata y maleable, nada más. Sus cuerpos les pertenecen, por recordar ligeramente a un tal Foucault y hasta se dan el lujo de enojarse cuando de sus cuantiosas ganancias tienen que destinar algunos miles para pagar una indemnización. Porque el colaborador marginalizado es reconocido como periodista cuando llega el día de su muerte profesional: Lo echan, hace juicio y unos hipócritas jueces y un hipócrita ministerio de Trabajo gestionarán una indemnización, mientras el pool de gerentes de Recursos Humanos de las empresas hará un tilde sobre un nombre y un apellido para que el sacrílego no vuelva a trabajar.
Con miles de periodistas precarizados y sometidos a un régimen de trabajo vil, con el resto de sus compañeros que los invisibilizan con la idea de que la minoría asalariada es la única que ejerce el periodismo, con una justicia laboral tán hipócrita como los ministerios de Trabajo, difícilmente el periodismo alguna vez vuelva a generar ciudadanía.
Será, a lo sumo, un conjunto en el que se priorice el espectáculo por encima de la información. En el que siga aplaudiendo cuando un periodista firma un contrato millonario con una empresa anunciante a cambio de defender los ajustes económicos, las políticas neoliberales y las corruptelas; pero se los castigue si alguno quiere investigar el lado oscuro de la corrupción. Serán carne de cañón para ir a investigar a funcionarios, siempre que no toquen a los corruptores que pusieron la plata. Eso a pesar de que cometen un doble delito, porque pagan sobornos y esos sobornos son para poder hacer lo que las leyes prohiben o deberíon prohibir. Allí nadie meterá las manos. Es otra ventaja de tener colaboradores precarizados en lugar de periodistas asalariados. Se los puede manipular con mayor facilidad y serán invisibles para los sindicatos y los sindicalistas.
Y no se trata de un problema del oficialismo o de la oposición, sino de una lógica perversa de precarización. Basta con ver cómo los intentos loables del Gobierno para armar un grupo de empresas periodísticas que compense el poder descomunal de los grupos mediáticos termina reproduciendo el esquema de aquellos a quienes quieren combatir, construyen espejando a los grandes multimedios. En lugar de abrir fuentes de trabajo para los periodistas precarizados, abren fuentes para segundos y terceros trabajos de periodistas asalariados. En lugar de aliviar la precarización la reproducen y fortalecen.
Sean medios oficiales o fogoneados por la oposición, son siempre las mismas caras en todos los medios y en los que están por aparecer. Los mismos nombres y apellidos que se repiten en agencias, diarios, revistas, radios y TV. Oficialistas y opositores en eso se unen por la precarización, construyendo aparatos de medios con periodistas con doble o triple empleo asalariado, mientras miles de periodistas son luego llamados a "colaborar", o sea a presentar sumarios o a llevar "columnas auspiciadas", trabajo vil y metodología repugnante que pasa más allá de las ideologías.
Mientras algunos discuten cómo hacer para concentrar más los medios y se oponen a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales, mientras del otro lado invierten y se esfuerzan por abrir espacios para que el pueblo pueda leer otra cosa que lo que dicen cuatro o cinco empresarios, al margen de ambos habrá miles de periodistas marginados, que seguirán trabajando 24 horas, sin aguinaldo, sin vacaciones, sin estabilidad, pagando su monotributo, su impuesto al cheque, su computadora, su conexión a Internet, su teléfono, sin poder enfermarse, sin poder descansar un fin de semana. O, como hemos hecho algunos, nos dedicaremos a otra cosa y el periodismo será un aporte part time. Pero la gran mayoría no puede darse esos lujos.
Frases de cabecera
-"Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido." Malcolm X.
julio 04, 2010
junio 30, 2010
Postales de una asamblea gremial de prensa
Para quienes a comienzos de los años 80 del siglo pasado participamos de las asambleas fundacionales de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA), cuando los afiliados a la Asociación de Periodistas de Buenos Aires (APBA) y los del Sindicato de Prensa levantamos las manos para crear un gremio que representara a todos los periodistas de la Capital Federal y el Conurbano bonaerense, las imágenes de la Asamblea Extraordinaria de ayer martes 29 de junio nos dejaron un sabor extraño.
El escenario montado por la conducción gremial que administra la UTPBA desde hace 26 años fue un remedo de las reuniones de campaña de los candidatos republicanos y demócratas en las elecciones estadounidenses. Había una abundante cantidad de banderitas celestes y blancas y otros elementos de merchandising, y en la puerta, por razones de seguridad, los partidarios de la actual conducción tiraron petardos y bengalas, abonados evidentemente con el dinero de las cuotas de los trabajadores de prensa, a quienes nadie consultó si el gasto para apoyar a una agrupación se justificaba. Tal vez lo hayan puesto los dirigentes de sus bolsillos, pero considerando que hace 26 años que viven de un sueldo gremial que surge del aporte de los afiliados, tampoco se entiende la "inversión".
Los asistentes a la Asamblea fueron unos 500, que con toda las ganas podrían haber llegado a 600, calculado con el ojo de quienes están acostumbrados a estimar el número de participantes de reuniones, movilizaciones y otros actos. De esos 600, una parte fueron registrados prolijamente mediante la presentación de sus carnets de afiliados. El resto eran jóvenes que llegaron en micros que rentaron algunos dirigentes políticos y de otros gremios. Entraron directamente, sin control alguno, sin anotarse, sin que alguien verificara si eran afiliados.
El clima de las tribunas fue patético. De un lado, las agrupaciones opositoras, que cantaban "paritarias, paritarias", dado que los periodistas no tenemos paritarias desde hace muchos años. Del otro, los jóvenes enfurecidos que bajaron de las combis, empleados del gremio -los había de todas las áreas- y algunos dirigentes.
Lo más curioso de la postal fue la reacción de los jóvenes que bajaron de las combis, porque cada vez que un dirigente de la oposición pedía la palabra, bajaban las voces para dejarlo hablar, no sin que antes mediara un ruego de Daniel Das Neves, secretario General. Pero la rechifla aparecía cuando el dirigente hacía mención a sus veintipico de años de afiliado al gremio o de su condición de periodista. Daba la sensación de que estos pibes bajados de las combis no venían de algún diario, o de sus casas como colaboradores sino enviados por algún dirigente político o gremial que poco o nada sabía de la UTPBA y del periodismo. Sonaba extraño que los exasperara que los "otros" fueran periodistas y afiliados antiguos del gremio, en una entidad en la cual siempre fue un orgullo ser periodista, trabajador de prensa y afiliado. Algo no cerraba.
La Asamblea comenzó con una moción de orden presentada por un delegado que fue chiflado -claro, haber trabajado durante años en un diario y ser afiliado y delegado parecía un estigma- pero que gracias a la intervención, otra vez, de Das Neves, pudo hablar para reclamar que la Asamblea se hiciera con veedores del ministerio de Trabajo y que el control de la afiliación de los delegados se hiciera de manera legal. La moción fue votada en contra, aunque nadie supo quiénes votaban, porque nadie sabía si los chicos que se bajaron de las combis eran afiliados.
Lo más triste de todo fue la votación para la Junta Electoral. El oficialismo presentó dos listas, para quedarse con la mayoría y con la minoría, de manera que no hubiera presencia opositora en la Junta, encargada de garantizar la limpieza de los comicios de setiembre próximo. La oposición, que había llevado 143 afiliados perfectamente contabilizados, presentó su lista de candidatos. De manera extraña, primero se contó el número de votos de la lista que se mocionó en tercer lugar -o sea, se alteró el orden- una técnica que los gremialistas conocen tanto como los dirigentes de fútbol. Cuando se juegan partidos importantes, el que juega con el resultado puesto tiene ventaja.
Fue entonces cuando la reunión se ganó un capítulo extra de Cien Años de Soledad. Un periodista prestigioso como Jorge Búsico fue el encargado de contar los votos de la oposición. Sumó 59, cosa extraña porque todos sabíamos que Búsico no es un hombre que no sepa contar. ¿Sería porque tenían preparados 65 votos para asegurarse la segunda minoría? Vaya uno a saber.
El pobre Búsico, protagonista de una escena que a muchos nos llenó de tristeza, hizo un conteo rápido, rapidísimo, de los votos de la segunda lista oficialista. Contó unos 200 y pico, a grosso modo. Luego contó los votos de la lista número 1 del oficialismo y la cifra fue de algo más de 300 votos, también a ojímetro y sin verificar si votaban los mismos en ambas listas de la conducción del gremio.
Todo fue tan evidente, que la oposición pidió un recuento de sus votos. Das Neves accedió y allí fue Búsico a recontar. Esta vez los 59 se convirtieron en 92, o sea un 50 por ciento más que en el primer conteo. ¿Se había equivocado antes o ahora?¿Por qué no recontó y en serio los votos de las dos listas oficialistas? Vaya uno a saber. Lo concreto es que por primera vez se encontraron con una oposición que reclamó que las juntas electorales fueran pluralistas y no un trámite burocrático.
Afuera, una barra de trabajadores de Crítica cantaba "se va a acabar, la burocracia sindical", mientras la oposición se retiraba tras la votación y hacía bromas sobre los problemas matemáticos de los periodistas. La noche cubría al barrio de Villa Crespo, donde está enclavada la cancha de Atlanta, tal vez como una proyección de la realidad de un gremio cruzado por las contradicciones. Un gremio que dejó libres las manos de Domingo Cavallo para que precarizara a los periodistas, convertidos en marginales con factura, mientras que al mismo tiempo el gremio de Actores luchaba y lograba impedir que el sistema se le aplicara a sus afiliados. Un gremio que no participa de asambleas, que no impulsa paritarias y que dejó caer la obra social hasta su virtual desaparición. Una conducción que se viste con un ropaje de izquierda, pero que se negó a pronunciarse sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual hasta que la ley fue aprobada.
No se trata de burócratas enriquecidos a costas de los aportes de los afiliados, sino simplemente de gremialistas que armaron un circuito que les permite perpetuarse en sus cargos, para lo cual todo pasa por la imagen, los viajes a distintos lugares del mundo para hablar de lucha y de libertad de expresión y tratar de hacer la plancha lo mejor posible en los medios argentinos. En una UTPBA que alguna vez fue un orgullo para los periodistas -con muchos de estos mismos gremialistas a la cabeza-, habrá elecciones con una junta electoral que manejará los padrones y que podrá definir quién vota y quién no vota, porque no habrá ni siquiera un delegado opositor para dar testimonio de lo que ocurra entre esas cuatro paredes. De allí la tristeza.
Ah, hubo un minuto de aplausos en honor a los periodistas desaparecidos durante la última dictadura militar, propuesta por la conducción y que unificó a todos. Un viejo afiliado recordaría después que uno de los desaparecidos más representativos del gremio, Rodolfo Walsh, era un hombre riguroso, preciso y científico a la hora de trabajar. Lástima que no estaba para sacar las cuentas.
El escenario montado por la conducción gremial que administra la UTPBA desde hace 26 años fue un remedo de las reuniones de campaña de los candidatos republicanos y demócratas en las elecciones estadounidenses. Había una abundante cantidad de banderitas celestes y blancas y otros elementos de merchandising, y en la puerta, por razones de seguridad, los partidarios de la actual conducción tiraron petardos y bengalas, abonados evidentemente con el dinero de las cuotas de los trabajadores de prensa, a quienes nadie consultó si el gasto para apoyar a una agrupación se justificaba. Tal vez lo hayan puesto los dirigentes de sus bolsillos, pero considerando que hace 26 años que viven de un sueldo gremial que surge del aporte de los afiliados, tampoco se entiende la "inversión".
Los asistentes a la Asamblea fueron unos 500, que con toda las ganas podrían haber llegado a 600, calculado con el ojo de quienes están acostumbrados a estimar el número de participantes de reuniones, movilizaciones y otros actos. De esos 600, una parte fueron registrados prolijamente mediante la presentación de sus carnets de afiliados. El resto eran jóvenes que llegaron en micros que rentaron algunos dirigentes políticos y de otros gremios. Entraron directamente, sin control alguno, sin anotarse, sin que alguien verificara si eran afiliados.
El clima de las tribunas fue patético. De un lado, las agrupaciones opositoras, que cantaban "paritarias, paritarias", dado que los periodistas no tenemos paritarias desde hace muchos años. Del otro, los jóvenes enfurecidos que bajaron de las combis, empleados del gremio -los había de todas las áreas- y algunos dirigentes.
Lo más curioso de la postal fue la reacción de los jóvenes que bajaron de las combis, porque cada vez que un dirigente de la oposición pedía la palabra, bajaban las voces para dejarlo hablar, no sin que antes mediara un ruego de Daniel Das Neves, secretario General. Pero la rechifla aparecía cuando el dirigente hacía mención a sus veintipico de años de afiliado al gremio o de su condición de periodista. Daba la sensación de que estos pibes bajados de las combis no venían de algún diario, o de sus casas como colaboradores sino enviados por algún dirigente político o gremial que poco o nada sabía de la UTPBA y del periodismo. Sonaba extraño que los exasperara que los "otros" fueran periodistas y afiliados antiguos del gremio, en una entidad en la cual siempre fue un orgullo ser periodista, trabajador de prensa y afiliado. Algo no cerraba.
La Asamblea comenzó con una moción de orden presentada por un delegado que fue chiflado -claro, haber trabajado durante años en un diario y ser afiliado y delegado parecía un estigma- pero que gracias a la intervención, otra vez, de Das Neves, pudo hablar para reclamar que la Asamblea se hiciera con veedores del ministerio de Trabajo y que el control de la afiliación de los delegados se hiciera de manera legal. La moción fue votada en contra, aunque nadie supo quiénes votaban, porque nadie sabía si los chicos que se bajaron de las combis eran afiliados.
Lo más triste de todo fue la votación para la Junta Electoral. El oficialismo presentó dos listas, para quedarse con la mayoría y con la minoría, de manera que no hubiera presencia opositora en la Junta, encargada de garantizar la limpieza de los comicios de setiembre próximo. La oposición, que había llevado 143 afiliados perfectamente contabilizados, presentó su lista de candidatos. De manera extraña, primero se contó el número de votos de la lista que se mocionó en tercer lugar -o sea, se alteró el orden- una técnica que los gremialistas conocen tanto como los dirigentes de fútbol. Cuando se juegan partidos importantes, el que juega con el resultado puesto tiene ventaja.
Fue entonces cuando la reunión se ganó un capítulo extra de Cien Años de Soledad. Un periodista prestigioso como Jorge Búsico fue el encargado de contar los votos de la oposición. Sumó 59, cosa extraña porque todos sabíamos que Búsico no es un hombre que no sepa contar. ¿Sería porque tenían preparados 65 votos para asegurarse la segunda minoría? Vaya uno a saber.
El pobre Búsico, protagonista de una escena que a muchos nos llenó de tristeza, hizo un conteo rápido, rapidísimo, de los votos de la segunda lista oficialista. Contó unos 200 y pico, a grosso modo. Luego contó los votos de la lista número 1 del oficialismo y la cifra fue de algo más de 300 votos, también a ojímetro y sin verificar si votaban los mismos en ambas listas de la conducción del gremio.
Todo fue tan evidente, que la oposición pidió un recuento de sus votos. Das Neves accedió y allí fue Búsico a recontar. Esta vez los 59 se convirtieron en 92, o sea un 50 por ciento más que en el primer conteo. ¿Se había equivocado antes o ahora?¿Por qué no recontó y en serio los votos de las dos listas oficialistas? Vaya uno a saber. Lo concreto es que por primera vez se encontraron con una oposición que reclamó que las juntas electorales fueran pluralistas y no un trámite burocrático.
Afuera, una barra de trabajadores de Crítica cantaba "se va a acabar, la burocracia sindical", mientras la oposición se retiraba tras la votación y hacía bromas sobre los problemas matemáticos de los periodistas. La noche cubría al barrio de Villa Crespo, donde está enclavada la cancha de Atlanta, tal vez como una proyección de la realidad de un gremio cruzado por las contradicciones. Un gremio que dejó libres las manos de Domingo Cavallo para que precarizara a los periodistas, convertidos en marginales con factura, mientras que al mismo tiempo el gremio de Actores luchaba y lograba impedir que el sistema se le aplicara a sus afiliados. Un gremio que no participa de asambleas, que no impulsa paritarias y que dejó caer la obra social hasta su virtual desaparición. Una conducción que se viste con un ropaje de izquierda, pero que se negó a pronunciarse sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual hasta que la ley fue aprobada.
No se trata de burócratas enriquecidos a costas de los aportes de los afiliados, sino simplemente de gremialistas que armaron un circuito que les permite perpetuarse en sus cargos, para lo cual todo pasa por la imagen, los viajes a distintos lugares del mundo para hablar de lucha y de libertad de expresión y tratar de hacer la plancha lo mejor posible en los medios argentinos. En una UTPBA que alguna vez fue un orgullo para los periodistas -con muchos de estos mismos gremialistas a la cabeza-, habrá elecciones con una junta electoral que manejará los padrones y que podrá definir quién vota y quién no vota, porque no habrá ni siquiera un delegado opositor para dar testimonio de lo que ocurra entre esas cuatro paredes. De allí la tristeza.
Ah, hubo un minuto de aplausos en honor a los periodistas desaparecidos durante la última dictadura militar, propuesta por la conducción y que unificó a todos. Un viejo afiliado recordaría después que uno de los desaparecidos más representativos del gremio, Rodolfo Walsh, era un hombre riguroso, preciso y científico a la hora de trabajar. Lástima que no estaba para sacar las cuentas.
Etiquetas:
utpba; ostpba; gremio; periodistas; sub 24;
junio 29, 2010
Hoy: Asamblea de la UTPBA en Atlanta
Hoy vamos a Atlanta (Humboldt al 300) con nuestro documento, el carné de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA) y el comprobante de los pagos actualizados o el último recibo de sueldo, para participar de la Asamblea Extraordinaria del gremio. Todas las agrupaciones opositoras se unieron para que la Junta Electoral no quede en las manos únicas de quienes hoy manejan la UTPBA y la obra social. Esperemos que la asamblea levante las manos para votar una junta pluralista que garantice unas elecciones limpias.
Desde este blog venimos denunciando la precarización de los periodistas, el uso y abuso del sistema de colaboraciones y la marginación de los trabajadores "sub 24", aquellos que son mantenidos como meros proveedores de servicios y se les impide que cumplan con la colaboración 24 para acceder al purgatorio laboral. Hasta ahora el gremio ha descuidado a los colaboradores, a los que derivó a una comisión cuyos resultados son nulos. Mientras tanto, en las empresas hay aumentos de sueldos pero los colaboradores cobran lo mismo que hace siete u ocho años, o lo que se le antoje al empresario. Para colmo, cada vez que hay un cierre o despidos, los primeros en caer son los colaboradores, por quienes nadie reclama, en muchos casos ni siquiera las propias comisiones internas. El juicio laboral se convierte en la única forma de probar que el trabajador Sub 24 es un trabajador y de allí no se vuelve, porque los medios están en cuatro o cinco manos, manos que se lavan una a la otra.
Esta situación es producto de la precarización contra la cual el gremio no tuvo una posición firme, sino que se adaptó y dejó hacer. Es una conducción integrada por sindicalistas que más allá de sus buenas intenciones erraron el rumbo y jugaron un papel secundario y timorato. Si la UTPBA va a ser nuevamente un gremio en serio, deberá impulsar un convenio renovado, unas paritarias del siglo XXI y sobre todo debe ocuparse con ganas de los trabajadores de prensa sometidos a la alienación y la marginalidad.
Como ya hemos dicho, vale quejarse durante todo el año de la ausencia notoria del gremio, del deterioro cotidiano de la obra social y de la falta de una política clara para los trabajadores de prensa, pero hay veces en las que llega el momento de expresarse en carne y hueso y allí no hay excusas. Hoy los periodistas tendremos la posibilidad de definir quiénes formarán parte de la Junta Electoral y ya sabemos lo que significa una Junta Electoral pluralista para una votación democrática. A no fallar, porque el que calla, otorga.
Desde este blog venimos denunciando la precarización de los periodistas, el uso y abuso del sistema de colaboraciones y la marginación de los trabajadores "sub 24", aquellos que son mantenidos como meros proveedores de servicios y se les impide que cumplan con la colaboración 24 para acceder al purgatorio laboral. Hasta ahora el gremio ha descuidado a los colaboradores, a los que derivó a una comisión cuyos resultados son nulos. Mientras tanto, en las empresas hay aumentos de sueldos pero los colaboradores cobran lo mismo que hace siete u ocho años, o lo que se le antoje al empresario. Para colmo, cada vez que hay un cierre o despidos, los primeros en caer son los colaboradores, por quienes nadie reclama, en muchos casos ni siquiera las propias comisiones internas. El juicio laboral se convierte en la única forma de probar que el trabajador Sub 24 es un trabajador y de allí no se vuelve, porque los medios están en cuatro o cinco manos, manos que se lavan una a la otra.
Esta situación es producto de la precarización contra la cual el gremio no tuvo una posición firme, sino que se adaptó y dejó hacer. Es una conducción integrada por sindicalistas que más allá de sus buenas intenciones erraron el rumbo y jugaron un papel secundario y timorato. Si la UTPBA va a ser nuevamente un gremio en serio, deberá impulsar un convenio renovado, unas paritarias del siglo XXI y sobre todo debe ocuparse con ganas de los trabajadores de prensa sometidos a la alienación y la marginalidad.
Como ya hemos dicho, vale quejarse durante todo el año de la ausencia notoria del gremio, del deterioro cotidiano de la obra social y de la falta de una política clara para los trabajadores de prensa, pero hay veces en las que llega el momento de expresarse en carne y hueso y allí no hay excusas. Hoy los periodistas tendremos la posibilidad de definir quiénes formarán parte de la Junta Electoral y ya sabemos lo que significa una Junta Electoral pluralista para una votación democrática. A no fallar, porque el que calla, otorga.
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junio 14, 2010
Pereza y agenda noticiosa
Uno de los trabajos que define la actividad periodística es la recopilación de información para acercarse a los hechos que pueden dar lugar a una noticia. No es algo sencillo, porque requiere de cierta capacitación y experiencia, además del conocimiento del tema sobre el cual se va a escribir o hablar.
Pero, ante todo, es un trabajo, algo que no siempre se comprende, porque hay cierta tendencia a pensar que las ideas surgen de la nada. Sobre todo luego del auge que experimentó el periodismo argentino a partir de los años 80, que hizo pensar a varias generaciones de jóvenes noveles que los periodistas con capacidad para interpretar los hechos y para opinar habían llegado a tal posición sin trabajar.
Craso error, porque la mayoría de los grandes periodistas y columnistas no nacieron de un repollo sino que reaparecieron en los años 80 luego de la persecución de la dictadura, el exilio externo o interno y la imposibilidad de trabajar en los medios argentinos.
La exaltación del individualismo y los ejemplos de ascenso meteórico y sin méritos ni esfuerzo propios de los años 90 reforzaron esta tendencia a creer que las opiniones surgen de las mentes brillantes y no del trabajo y la experiencia. Paralelamente la ideología neoliberal imperante promovió la degradación del trabajo periodístico y lo asimiló a la producción de una materia prima.
Estos cambios fueron señales de la decadencia del periodismo argentino, pero además sirvieron para reforzar la capacidad de los grandes medios para imponer su agenda. El periodismo es un trabajo, buscar información confiable es un esfuerzo y muchas veces la pereza mental hace que muchos profesionales armen su discurso con fragmentos de la agenda de los grandes medios.
Un ejemplo fue –o todavía es- la reproducción sistemática y acrítica del enfoque que los grandes medios dieron al tema del mundial de fútbol que se juega en Sudáfrica. Durante todos los mundiales viajan desde la Argentina hinchas de distintos clubes que se pagan sus pasajes, otros que son financiados de manera poco transparente por los propios clubes y otros que llegan de la misma manera, pero con el apoyo de la AFA. Algo similar ocurrió en esta oportunidad, pero con una diferencia: El mundial se convirtió en un mix entre el negocio y la difusión pública.
La concepción de servicio público, sepultada durante los 90 lleva a que quienes observan que el fútbol pasó a ser accesible masivamente propongan un dilema: ¿Cuál es el modelo de negocio? Obviamente, el modelo es mixto, se hace un negocio y se brinda un servicio público, allí hay una gran diferencia.
Estos cambios en la concepción de los medios como un servicio público llevaron a las empresas que tienen mayor poder de tematización a imponer como eje de todo análisis sobre la Argentina en el mundial de Sudáfrica a la presencia de los barrabravas. Los mismos que iban antes, sólo que siempre fueron invisibles o como máximo eran parte de alguna nota de color. Es natural, se habla de "libertad de expresión", pero no se puede alterar el orden mediático cuando el negocio es propio. En otras palabras, no escupían para arriba.
Hasta allí casi podría decirse que los medios tienen todo su derecho a reflejar los hechos como les parezca. El problema es el resto del periodismo. En TV casi no existen voces disidentes. Pero en radio, donde existen opciones, la pereza mental llevó a muchos periodistas bien intencionados a repetir las construcciones que hicieron los medios más grandes, sin siquiera hacer un esfuerzo para diferenciar, como diría cualquier manual de periodismo, cuáles son los hechos que cumplen los requisitos mínimos como para ser convertidos en noticia.
Hubo casos extraños, como el de un programa deportivo dominical, que en su emisión del 6 de junio dedicó sus dos horas de emisión a cuestionar la presencia de los hinchas argentinos en Sudáfrica, a declaraciones y opiniones sobre los hechos que, en realidad, no habían sido investigados sino simplemente leídos o escuchados en los medios fijadores de agenda. No hicieron nada diferente al resto de los medios, pero una semana después, el domingo 13 de junio, después de haber reflexionado, cambiaron de actitud y casi pidiendo disculpas explicaron que si bien estaban en contra de la violencia, de los barrabravas y más aún si se comprobaba que el Gobierno nacional tenía algo que ver con esas presencias en Sudáfrica, no querían sumarse a la campaña política de los medios que fijaban la agenda.
No todos tienen la valentía de reconocerlo. Tampoco es el mundial el único tema en el cual los medios que fijan la agenda son los que deciden acerca de qué se habrá de hablar. Tal vez sea un buen momento para que se retomen las viejas rutinas periodísticas, que, entre otras cosas, indicaban e indican que para opinar, primero hay que tener información. Pero, además, habrá que tener en cuenta un aspecto que quienes elaboraron hace décadas la teoría de la formación de la agenda noticiosa no llegaron a ver: No sólo se impone una lista de temas sino también una serie de valores a partir de los cuales se analizará la agenda. Sería un buen momento para comenzar a pensar en un mea culpa periodístico. Una buena oportunidad para reconocer que no somos omnipotentes, que no podemos hacer las cosas bien si previamente no trabajamos duro y que es imposible saltear escalones en la preparación profesional sin correr el riesgo de caerse rodando y hacer el ridículo.
Pero, ante todo, es un trabajo, algo que no siempre se comprende, porque hay cierta tendencia a pensar que las ideas surgen de la nada. Sobre todo luego del auge que experimentó el periodismo argentino a partir de los años 80, que hizo pensar a varias generaciones de jóvenes noveles que los periodistas con capacidad para interpretar los hechos y para opinar habían llegado a tal posición sin trabajar.
Craso error, porque la mayoría de los grandes periodistas y columnistas no nacieron de un repollo sino que reaparecieron en los años 80 luego de la persecución de la dictadura, el exilio externo o interno y la imposibilidad de trabajar en los medios argentinos.
La exaltación del individualismo y los ejemplos de ascenso meteórico y sin méritos ni esfuerzo propios de los años 90 reforzaron esta tendencia a creer que las opiniones surgen de las mentes brillantes y no del trabajo y la experiencia. Paralelamente la ideología neoliberal imperante promovió la degradación del trabajo periodístico y lo asimiló a la producción de una materia prima.
Estos cambios fueron señales de la decadencia del periodismo argentino, pero además sirvieron para reforzar la capacidad de los grandes medios para imponer su agenda. El periodismo es un trabajo, buscar información confiable es un esfuerzo y muchas veces la pereza mental hace que muchos profesionales armen su discurso con fragmentos de la agenda de los grandes medios.
Un ejemplo fue –o todavía es- la reproducción sistemática y acrítica del enfoque que los grandes medios dieron al tema del mundial de fútbol que se juega en Sudáfrica. Durante todos los mundiales viajan desde la Argentina hinchas de distintos clubes que se pagan sus pasajes, otros que son financiados de manera poco transparente por los propios clubes y otros que llegan de la misma manera, pero con el apoyo de la AFA. Algo similar ocurrió en esta oportunidad, pero con una diferencia: El mundial se convirtió en un mix entre el negocio y la difusión pública.
La concepción de servicio público, sepultada durante los 90 lleva a que quienes observan que el fútbol pasó a ser accesible masivamente propongan un dilema: ¿Cuál es el modelo de negocio? Obviamente, el modelo es mixto, se hace un negocio y se brinda un servicio público, allí hay una gran diferencia.
Estos cambios en la concepción de los medios como un servicio público llevaron a las empresas que tienen mayor poder de tematización a imponer como eje de todo análisis sobre la Argentina en el mundial de Sudáfrica a la presencia de los barrabravas. Los mismos que iban antes, sólo que siempre fueron invisibles o como máximo eran parte de alguna nota de color. Es natural, se habla de "libertad de expresión", pero no se puede alterar el orden mediático cuando el negocio es propio. En otras palabras, no escupían para arriba.
Hasta allí casi podría decirse que los medios tienen todo su derecho a reflejar los hechos como les parezca. El problema es el resto del periodismo. En TV casi no existen voces disidentes. Pero en radio, donde existen opciones, la pereza mental llevó a muchos periodistas bien intencionados a repetir las construcciones que hicieron los medios más grandes, sin siquiera hacer un esfuerzo para diferenciar, como diría cualquier manual de periodismo, cuáles son los hechos que cumplen los requisitos mínimos como para ser convertidos en noticia.
Hubo casos extraños, como el de un programa deportivo dominical, que en su emisión del 6 de junio dedicó sus dos horas de emisión a cuestionar la presencia de los hinchas argentinos en Sudáfrica, a declaraciones y opiniones sobre los hechos que, en realidad, no habían sido investigados sino simplemente leídos o escuchados en los medios fijadores de agenda. No hicieron nada diferente al resto de los medios, pero una semana después, el domingo 13 de junio, después de haber reflexionado, cambiaron de actitud y casi pidiendo disculpas explicaron que si bien estaban en contra de la violencia, de los barrabravas y más aún si se comprobaba que el Gobierno nacional tenía algo que ver con esas presencias en Sudáfrica, no querían sumarse a la campaña política de los medios que fijaban la agenda.
No todos tienen la valentía de reconocerlo. Tampoco es el mundial el único tema en el cual los medios que fijan la agenda son los que deciden acerca de qué se habrá de hablar. Tal vez sea un buen momento para que se retomen las viejas rutinas periodísticas, que, entre otras cosas, indicaban e indican que para opinar, primero hay que tener información. Pero, además, habrá que tener en cuenta un aspecto que quienes elaboraron hace décadas la teoría de la formación de la agenda noticiosa no llegaron a ver: No sólo se impone una lista de temas sino también una serie de valores a partir de los cuales se analizará la agenda. Sería un buen momento para comenzar a pensar en un mea culpa periodístico. Una buena oportunidad para reconocer que no somos omnipotentes, que no podemos hacer las cosas bien si previamente no trabajamos duro y que es imposible saltear escalones en la preparación profesional sin correr el riesgo de caerse rodando y hacer el ridículo.
Etiquetas:
agenda noticiosa; periodistas; pereza;
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