Frases de cabecera

-"Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido." Malcolm X.

agosto 20, 2010

Anomias, avivadas y torpezas

En términos legales, la anomia casi no existe, porque en todo país democrático y de los otros hay leyes, decretos, normas que definen qué se puede hacer y qué no se puede hacer. Lo que suele ocurrir es, en todo caso, es que aparece cierto grado de anomia en términos sociales, una ilegalidad de ciertas acciones humanas que violan las normas existentes.
El mejor ejemplo es la Argentina, donde no hay anomia sino, como diría un cordobés, hay una “no mi hagás cumplir las leyes”.

La violación de normas de todo tipo es cotidiana. Desde el señor que se enoja porque quiere manejar a 220 kilómetros y un tozudo conductor respetuoso de las leyes “obstaculiza” su paso, hasta el señor o la señora que viola un semáforo en rojo y se siente un héroe; desde el médico que receta un medicamento que su paciente no necesita, pero que contribuirá a un lindo viaje a una isla caribeña, hasta el ingeniero que construye un edificio de 30 pisos en un barrio de casas bajas, donde sólo se puede construir hasta 7 pisos; desde un propietario sojero que se queja de “esos negros piqueteros” que no le dejan llegar rápido a la oficina que tiene en Puerto Madero, pero después corta rutas, desabastece a las ciudades y se ufana de ello, hasta los funcionarios que toman medidas y ensayan, para ver qué pasa, sin un ínfimo estudio previo.

Hay más muestras de la tendencia a violar normas, que es endémica en la Argentina: Desde el diputado que vota lo que sabe que no se podrá cumplir, hasta el que espera una orden para votar lo que jamás querría que se cumpliera; desde el abogado que se hace llamar “constitucionalista” y opina como si lo fuera, hasta el empleado de una empresa que se hace llamar “periodista” y se hace millonario violando todos los códigos deontológicos existentes y por existir; desde los empresarios de medios que se presentan a una licitación para abrir una FM cultural y una vez obtenida la licencia, arman una repetidora de su radio AM –y que se considerarán “perseguidos” si alguien hace cumplir la ley-, hasta los funcionarios que se lo permiten y dejan de permitírselo si las alianzas cambian.

La lista sigue, desde el funcionario que cobra un sueldo para atender a la prensa, pero que en lugar de cumplir con su obligación legal hace decir por su secretaria que no está o que no puede hablar, cuando en realidad él o su jefe están hablando a cuatro voces en un programa de radio, el único para el cual hablan; hasta la empresa que avisa que el aviso que colocan en un medio –una de las herramientas que tiene la democracia para que haya medios y por lo tanto control democrático de los poderes- será retirado si en lugar de defender la posición de la empresa se ocupan de cumplir con las rutinas periodísticas y por lo tanto tienen una conducta ética.

Hay otras actitudes de desprecio por las leyes que son más o menos corrientes: Desde el funcionario que se “olvida” durante meses o años que alguien viola una ley y cuando hay un conflicto se acuerda de las leyes y las quiere hacer cumplir en 90 días, hasta la empresa que brinda un servicio que no está autorizada a brindar y espera que la ley le caiga encima para decir que sufre “persecución”; desde el periodista que busca saber cuál es la verdad, hasta el que llevado por su ideología o por las tarifas de sus avisos, se indigna y mezcla libertad de prensa con Internet o la biblia con el calefón.

La lista es infinita, las conductas desviadas que violan leyes o no impiden que se violen se pueden contabilizar por centenares. A esta altura el lector sabrá que nos hemos referido al fondo de la cuestión entre el Estado y Fibertel. Uno que dejó hacer mientras le resultó conveniente y otro que hizo mientras no le dijeran nada. Uno que actúa sin estudiar cuál es la situación de los cientos de miles de clientes-usuarios que tiene el otro, que desconoce que no hay proveedores capaces de sustituir a Fibertel, al menos en un término de dos o tres años. Otro que como no puede decir que no violó la ley, dice que lo persiguen.

Para quien firma esta nota, las telefónicas deberían poder brindar servicios de TV y los que tienen servicio de Cable deberían poder ofrecer telefonía y servicio de Internet. Es una de las grandes deudas de la entrada de la Argentina en el mundo digital y está bloqueado por una de las modificaciones que se hicieron en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales a expensas de los sectores de izquierda que querían aparecer como valientes luchadores contra los monopolios.

Para quien firma esta nota, ni en 90 días ni en un año se puede reemplazar al proveedor de Internet que atiende a la mayoría de los usuarios metropolitanos y a buena parte de los de todo el país. Hay razones técnicas y comerciales que cualquier funcionario inteligente conoce, pero que no va a decir simplemente porque no atiende a la prensa.

Para quien firma esta nota, no sólo hay razones comerciales sino políticas y empresariales. Telecom tiene Arnet y sólo opera en su zona; Telefónica tiene Speedy y sólo opera en su zona; los dos tienen los mismos precios que Fibertel y están incapacitados de absorber a los usuarios de Fibertel. Los usuarios pueden atestiguar lo que significa quedarse sin ADSL durante una semana y que le digan “si, tenemos algunos problemas, ya lo vamos a solucionar”, después de saltear infinitos obstáculos impuestos por el CRM de la telefónica.

La otra competencia es Telecentro, que hasta ofrece Triple Play, pero cuyo servicio de telefonía, cable e Internet funciona cada vez peor, se corta dos o tres veces al día porque está excedida en su papel de única competencia de Fibertel. ¿Causa o consecuencia? Si hubiera más proveedores con redes extendidas, el problema no existiría.

En términos prácticos, la medida del ministerio de Planificación es impracticable. En términos políticos, no sabemos, porque la costumbre de algunos funcionarios es hablar con Radio 10 y sólo con ellos. Recién en los últimos días están hablando, algunos, con las radios y TV públicas. Alguna vez les tocará a los periodistas de otros medios. 
Rubén Levenberg (Publicado originalmente en Bloggers Report)

agosto 15, 2010

Somos todos buena gente

Ayer, 14 de agosto, murió Mario Gavilán, periodista, administrador de medios y durante años mano derecha de Héctor Ricardo García. Hoy los diarios y cuanto medio haya en el aire le brindaron un homenaje. Algunos titularon "los noticieros de luto", otros "murió el padre de los noticieros", o "murió el padre de la placa roja de Crónica TV". Ya se sabe que cuando alguien se muere hay que tratar de no agredir al personaje en cuestión, que hay que ser delicado y sobre todo respetuoso con sus familiares, pero a veces la omisión es ofensiva hacia muchas otras personas.
¿Es políticamente correcto callar? Como no había respuestas a mano, nada mejor que algún documento que cuente lo que casi todos omitieron. Mientras Caronte recibe su moneda y lo sube a su barca, o San Pedro le abre la puerta -vaya uno a saber- vale la pena transcribir lo que dice la crónica sobre su llegada al canal ATC cuando el menemismo asumió el Gobierno:

"Y quedó claro desde un comienzo que las perspectivas no eran buenas para ATC, cuando los primeros en desembarcar fueron personajes ligados a la última dictadura: al interventor Mario Gavilán (con una larga trayectoria televisiva y una oscura relación con la Armada que le valió la dirección de noticias de Canal 13 durante el Proceso) lo acompañaron Guillermo Aronín (jefe de prensa del Partido para la Democracia Social fundado por el ex almirante Emilio Massera), Emilio Giménez Zapiola (redactor de la revista Gente durante el proceso) y Nicolás Kasanszew (corresponsal de 60 minutos en la guerra de Malvinas), entre otros. Bajo el paraguas del discurso oficial de reestructuración y reformas, Gavilán se propuso tirar abajo rápidamente lo poco que había construido el radicalismo (...)".

Fuente: Mindez, Leonardo. Canal Siete. Medio siglo perdido. La historia del Estado argentino y su estación de televisión. Ediciones Ciccus-La Crujía. Buenos Aires, 2001. Página 103.

julio 26, 2010

¿Los periodistas deberíamos estar colegiados?

En 2002 le pedimos una opinión a un referente de las cuestiones de ética periodística, Javier Darío Restrepo, a cargo del consultorio específico del FNPI. Pasaron ocho años y el debate sigue pendiente. 

¿Cuáles son los argumentos que se pueden esgrimir en defensa de la colegiación de los periodistas?
Quienes se oponen sostienen que restringe la libertad de expresión y terminan siendo instrumentos de las empresas periodísticas o de las elites de prensa. Me gustaría saber qué piensan ustedes.
Rubén Levenberg

La respuesta de Javier Darío Restrepo:
Los argumentos alegados contra la colegiación están contenidos tanto en la consulta hecha por la SIP a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos al referirse a la ley costarricense 4420, como en la opinión de esa corte, del 13-11-85. Los dos documentos giran alrededor del hecho planteado por la Corte: la colegiación obligatoria impide el acceso de todas las personas al uso pleno de los medios de comunicación.
El derecho a la libertad de expresión es dual: o sea, es para informar y ser informado.
La Corte y cuantos rechazan la colegiación, invocan el artículo 11 de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobados por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia en 1789, en el que se afirma que en virtud del derecho a la libre comunicación de pensamientos y opiniones, " todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente."
De aceptarse la colegiación, los directivos de un Colegio de Periodistas se convertirían en censores de la libertad de información y de la información en forma impresa. Informar y opinar, en consecuencia, son tareas asociadas a todos los seres humanos.
En el documento opinión de la Corte se mencionan los argumentos a favor de la colegiación:
" La regulación del ejercicio profesional del periodismo tiene el objetivo de proteger al bien común."
Según el Colegio de Periodistas de Costa Rica, el manejo de la información " requiere del trabajo profesional, no solamente capacitado sino obligado en su responsabilidad y ética profesionales con la sociedad."
Es, además, la colegiación " un medio para garantizar la independencia de los periodistas frente a sus empleadores."
La Federación Latinoamericana de Periodistas expresó que la colegiación busca " garantizarle a sus respectivas sociedades el derecho a la liberta de expresión" al enfatizar " la necesidad de democratizar el flujo informativo en la relación emisor-receptor para que la ciudadanía tenga acceso y reciba una información veraz y oportuna."
De lo anterior se puede concluir que si se rechaza la colegiación porque ella restringe las libertades y se la reclama porque con ella se le garantiza al lector una información veraz y oportuna, se trata de un debate legal que resulta definitivamente superado cuando la práctica de la profesión está regida por los más altos valores de la ética del periodista. En efecto, se echa mano de las leyes, como solución, cuando la consistencia ética es demasiado débil para resolver los problemas.


Documentación.

La Corte es de opinión que la colegiación obligatoria de periodistas, en cuanto impide el acceso a cualquier persona al uso pleno de los medios de comunicación social como vehículo para expresarse o para transmitir información, es incompatible con el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Corte Interamericana de Derechos Humanos.
San José de Costa Rica, 13 de Noviembre de 1985.
  Jul 16, 2002 12:00 
 
Un comentario:
Llego bastante tarde a esta página. Pero me parece que lamentablemente, acá como en casi todas las opiniones en contra de la Colegiación obligatoria del Periodismo, se maneja falsamente una opinión consultiva de la CIDH (no es una sentencia, sino una opinión, la cual, por sí, no es verdad ni es mentira, sólo es una opinión)En el texto de la citada opinión, NO SE DICE que "la Colegiación en cuanto IMPIDE...", sino "EN CUANTO IMPIDA...", lo cual gramaticalmente tiene un sentido muy distinto, pero hábilmente oculto por los enemigos de la Colegiación. Esa opinión se basa, para quienes saben leer, en dos hechos: Una, sobre la Ley de Periodismo que existía en Costa Rica. La Corte determinó que esa Ley "IMPIDE". La seguda parte del dictamen-opinión, es sobre la Colegiación obligatoria en general, y dice que "EN CUANTO IMPIDA", es decir, SI IMPIDE, es contraria al artículo 13.De hecho, soy periodista de Venezuela, donde tenemos una Ley de Ejercicio que exige titulaciòn académica y obliga a inscribirse en el CNP para ejercer desde 1974, y hasta el momento (Agosto 31 de 2003), nadie ha demostrado que nuestra Ley IMPIDE la libertad de expresión o el acceso a los medios a nadie.Sólo los dueños de los medios intentan derogarla, porque es obvio que afecta sus intereses políticos específicos, ya que les impide tener sus propios "periodistas" amanuenses en sus respectivos medios.Me gustaria que sobre este tema se abriera un Foro de discusión, no sé si lo hay, para poder discutir la realidad claramente. porque es importante, antes de hablar sobre la Colegiación, aclarar de una vez por todas, que el Periodismo NO ES el ejercicio de la libertad de Expresion o de opinión del periodista, sino sencillamente, un medio para que TODOS puedan accesar los medios de comunicación, como lo establece el artículo 13 del Pacto de San José, y todas las constituciones americanas. Gracias.
Publicado por: Humberto Contreras en jul 16, 2002 12:00

julio 22, 2010

Trabajadores atípicos

Un informe internacional sobre precarización laboral en los medios hablaba hace algunos años de los “trabajadores atípicos”. ¿Quiénes son esos “trabajadores atípicos”? Es un término comúnmente usado para describir tipos de empleo que no son permanentes y/o de tiempo completo. Incluye, aunque no excluye otras posibilidades:
-contratos de corto plazo
-trabajo subcontratado
-trabajo eventual
-trabajo temporario
-trabajo “free lance”

El “freelancer” es una subcategoría del trabajo atípico, que en la Argentina se denomina “colaborador”, en virtud de una mención que hace el Estatuto del Periodista. Es un semi-empleado que vende sus servicios y/o su trabajo a una variedad de empleadores sin ninguna relación de largo plazo con ninguno de ellos. En el estudio realizado por la Federación Internacional de Periodistas con el apoyo de la OIT, las organizaciones gremiales respondieron que alrededor del 34 por ciento de sus afiliados eran –son- trabajadores atípicos y que de ellos el 71 por ciento son “freelancer”.

Los trabajadores atípicos cobran por tiempo de trabajo, por palabra o por nota, depende de cuál sea el país. Entre los freelancer (colaboradores, para la Argentina), cerca del  70 por ciento tienden a cobrar por nota. Un aspecto interesante del informe es que en la abrumadora mayoría de los casos, el empleador es quien decide cuánto cobrará el colaborador o freelancer.

Si bien en el informe no se dice, estos trabajadores no tienen vacaciones; ni horas de descanso; no cobran si se enferman; no pueden jubilarse, por lo cual trabajan hasta que no pueden más y allí su situación miserable se agrava al máximo. Además carecen de estabilidad, no tienen asegurado que vayan a trabajar al día siguiente; usan sus propias herramientas de trabajo; pagan sus impuestos y los que debería pagar el empleador y son utilizados muy habitualmente como ejército laboral de reserva, con lo cual también son rechazados por muchos de los trabajadores estables de los medios.

Lo que tampoco dice el informe ni respondieron las organizaciones gremiales es que la situación miserable de los “colaboradores” o “freelancer” no es considerada por las entidades ni por los Estados como un problema a resolver. Son pura estadística.