Lo prohiben taxativamente los manuales de Estilo de los diarios de todo el mundo. También en los de la Argentina. Sin embargo, el periodismo espectáculo de los 90, con los movileros opinando de deportes y de física nuclear, prostituyó la profesión y ahora ya nadie guarda las formas. En la noticia sobre cualquier delito que involucre a un menor debe preservarse la identidad del niño. Parafraseando a un tal Sarmiento: "¡Bestias, eso vale aunque el niño haya muerto!"
Un botón de muestra:
Chubut: hallan asesinada a una nena desaparecida a la salida del colegio
09:58El cuerpo de la chica, de 10 años, fue encontrado esta mañana dentro de un contenedor, a una cuadra de su casa. Apareció maniatada y con una bolsa en la cabeza. Su padre había denunciado su desaparición ayer.
Una nena de 10 años que había desaparecido ayer a la salida de la escuela en Puerto Madryn, Chubut, apareció muerta esta mañana en un contenedor. Por el caso, no hay detenidos.
La denuncia de la desaparición la había realizado el padre de la nena a las 18,30 de ayer, una hora después de la salida de la escuela. El cuerpo fue hallado esta mañana, a las 6.30, maniatado y con una bolsa de nylon en la cabeza. Según las primeras pericias el cuerpo presentaba signos de violencia y no se descarta que haya sido violada.
La nena fue identificada como....
¡Si!, a partir de acá, el periodista -y sus editores- publica los datos de la nena, la dirección de la casa en la cual vivía y por poco no pone el número de DNI. ¿Para qué sirve desde el punto de vista informativo? Para nada, sólo para poner un poco de tinta roja en el diario. Fue en Clarín.com, el 17 de marzo de 2010.
Frases de cabecera
-"Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido." Malcolm X.
marzo 18, 2010
marzo 16, 2010
El periodismo de investigación que no investiga
La discusión entre Víctor Hugo Morales y Luis Majul durante la presentación de un libro desató una serie de opiniones acerca de un tema delicado para quienes estudian los medios desde la perspectiva académica: El periodismo de investigación. Dejaremos de lado la polémica entre Morales y Majul, que caprichosamente algunos intolerantes quisieron ver como una polémica entre kirchnerismo y antikirchnerismo. Detrás de ello había un problema más importante, que Víctor Hugo intentó dejar sentado: ¿Cuándo se justifica hablar de “periodismo de investigación”?
En la Argentina se utilizan categorías que en el resto de los países hispano parlantes tienen otros significados. Aquí se habla de “reportaje” cuando en el resto del mundo se dice “entrevista”. Al mismo tiempo, los españoles denominan “reportaje” a un informe profundo sobre un tema determinado.
Hasta allí, las diferencias se refieren a las nomenclaturas, que muchas veces llevan a la confusión. Pero hay otra categoría, la del periodismo de investigación, que es más problemática aún, porque en la Argentina se confunde el informe profundo con el periodismo de investigación o, como dirían los españoles, el reportaje con la investigación. Hay muchas definiciones de periodismo de investigación, pero todas comparten tres ideas básicas:
a.- Tiene que ocuparse de un problema de relevancia social.
b.- Tiene que ser un tema original, que no se refiera a lo que otros han investigado.
c.- Se trata de descubrir algo que alguien quiere que permanezca oculto.
Si bien, como diría Gabriel García Márquez, “todo el periodismo debería ser de investigación”, diremos que la diferencia entre quienes investigan y quienes ejercen el periodismo que no es de investigación es que unos buscan descubrir lo que alguien quiere ocultar y otros buscan algo que puede estar oculto o a la vista, pero que nadie se ocupa de ocultar voluntariamente. En su libro “El Periódico, actor político”, Héctor Borrat señala, además de los tres aspectos marcados, otras condiciones. Entre ellas, que lo oculto que se investiga, para ser revelado, se busque siempre en un terreno diferente al de los objetivos e intereses del propio periódico en el cual se publica. Si se aplicara la regla a la mayor parte de lo que en la Argentina se suele denominar hoy en día como periodismo de investigación, tal vez ningún texto pasaría la prueba.
Un periodista puede hacer notas, relevamientos, entrevistas y cruce de información sobre la miseria en algún lugar de la Argentina. Eso es un “reportaje” a la española o un informe especial (un informe profundo). Si se encuentra con que hay funcionarios que intentan evitar que se conozca la situación sanitaria, habitacional o educativa del barrio; si el barrio está en una situación miserable pese a que dos años antes se instaló una compañía minera que prometió emplear a los habitantes del lugar; si no tienen provisión de agua pese a que el Intendente recibió subsidios de la Provincia para resolver el problema; seguramente el informe se convertirá en una investigación. Pero en tal caso, el periodista tendrá que tomar otros recaudos e interpelar a las fuentes desde otro lugar, porque se enfrentará con quienes quieren que la información permanezca oculta: La empresa minera o el Intendente, en los ejemplos hipotéticos mencionados.
El periodismo de investigación tiene otras reglas y si bien comparte rutinas con otros géneros del periodismo, tiene sus propias rutinas adicionales, en general heredadas de la investigación en Ciencias Sociales. Estas rutinas adicionales apuntan a cuestionar su propia percepción y a sus propias fuentes, hacer un relevamiento cuidadoso de las fuentes primarias y a utilizar los hallazgos como simples disparadores de nuevas preguntas en lugar de convertirlas inmediatamente en respuestas. Estas técnicas tienen su costo en horas-periodista y los resultados finales de la investigación pueden ser un fracaso. En suma: La investigación puede tener un resultado cero, lo cual hace que sean pocas o ninguna las empresas periodísticas que tienen equipos de investigación. Es sabido que en tiempos de ajuste permanente, como ocurre en el periodismo argentino más allá de lo que pase en el resto de la sociedad, se prioriza la eficiencia por encima de la eficacia. No importa qué se averigüe, si se lo hace a costo cero.
En la Argentina abundan, eso sí, especialistas en informes profundos o, en algunos casos, periodistas que toman un documento o declaración off the record de alguna fuente y sobre esa base elaboran una nota a la cual sus editores, para capitalizar el trabajo (léase: inversión) o jerarquizar una operación de prensa, ubicarán en la categoría de “investigación”, un término simpático que resulta más atractivo si se le adiciona el adjetivo “exclusiva”.
Es un tema para debatir, porque si las operaciones de prensa se disfrazan de investigación o los informes profundos se convierten mágicamente en notas de investigación, no sólo se prostituye el género sino que se engaña al público, supuestamente el destinatario del trabajo periodístico.
Etiquetas:
periodismo de investigación
marzo 11, 2010
Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago

A veces vale la pena leer qué piensan los editores acerca de sus propios diarios y luego cotejarlo con lo que publican. En este caso, salvo que haya habido un error involuntario, el diario La Nación publica una nota sobre una encuesta que se realizó entre el 5 y el 9 de octubre pasado entre 481 ejecutivos del sector petrolero. Dejamos por ahora de lado que no aclara cuál es el universo del que se extrajo la muestra o qué otras opiniones hay entre los ingenieros del sector.
El título dice: "La incertidumbre y la corrupción frenan inversiones en el sector energético". Sin embargo, tal afirmación no figura en ningún párrafo de la nota. Pero es sabido que no es el redactor de la nota quien define cuál va a ser el título. Es una decisión editorial. En defensa del redactor de la nota, diremos que con la precarización y la flexibilización del trabajo periodístico -el más flexibilizado junto con el trabajo del servicio doméstico- no siempre los periodistas pueden escribir lo que quieren ni hacer el trabajo como les gustaría. Pero, en tales casos, lo que se hace es retirar la firma de la nota.
Por otra parte, si se lee la nota con atención, se observará que contiene párrafos en los que se brindan datos y párrafos con opiniones del periodista, sin que medie un anclaje en datos o citas textuales. Por ejemplo: "En medio de los tironeos en el Congreso por el Banco Central, la brumosa situación en el Consejo de la Magistratura y la falta de datos confiables tras la manipulación estadística en el Indec, la situación institucional parece clave para los profesionales del sector, muchos de ellos con capacidad decisoria en sus empresas, a la hora de engendrar confianza que incite la inversión a largo plazo."
Otros párrafos contienen interpretaciones de los datos al menos curiosas, si se las compara con el título de la nota y con el subtítulo. Tampoco aclara si el 89,8 por ciento que suman las opiniones signfica que hay otras opiniones. Por ejemplo:
Corrupción pública. Pero ¿cuáles son los problemas que profesionales y especialistas ven reflejados en los marcos regulatorios que hoy rigen esa actividad en el país? El principal es la corrupción, según estimaron. En ese rumbo, los consultados identificaron como los inconvenientes fundamentales a los sobornos (un 39%), el incumplimiento -de las leyes- (30,6%), y la inestabilidad (28,2%).
Dejo en manos del lector el análisis de la nota y como ayuda les copio lo que dice el manual de Estilo del propio diario. Si es un alumno de alguna carrera de Ciencias de la Comunicación o de Periodismo, ya sabe qué es lo que no hay que hacer.
1.- Dice el Manual de Estilo y Etica periodística del diario La Nación en su página 47:
En los temas en los que haya posiciones contrapuestas, LA NACION recogerá en sus páginas todas las disidencias, a fin de ofrecer al lector una cobertura completa del asunto. La opinión propia del diario sbre el tema será tratada en la columna de editoriales.
Este principio se aplicará también a las crónicas, a fin de que el lector pueda tener un conocimiento completo de lo que arguyen las partes enfrentadas con relación a un suceso.
Por Francisco Jueguen
De la Redacción de lanacion.com
fjueguen@lanacion.com.ar
La actual escasez de nafta, los aumentos de precios, la batalla verbal entre las petroleras y las amenazas del Gobierno son sólo peligrosas consecuencias disimulando un problema mayor. Profesionales y especialistas del sector energético creen, en su mayoría, que la industria del petróleo y el gas mantendrá o reducirá sus operaciones en la actualidad por la falta de un marco regulatorio que incentive la exploración y la producción, y como consecuencia de la corrupción existente.
Esa es la conclusión que surge de la encuesta "La industria del petróleo dentro de la matriz energética argentina - visión desde los sectores profesionales" a la que accedió en exclusiva lanacion.com. El relevamiento fue elaborado por la consultora especializada en Recursos Humanos Biset - Fernandez Löbbe después de una minuciosa ronda de preguntas entre 481 profesionales, ejecutivos y expertos que asistieron a la World Gas Conference 2009 entre el 5 y el 9 de octubre del año pasado.
El estudio fue contundente. Afirmó que un 68% de los consultados -en su mayoría ingenieros que trabajan en firmas ligadas al petróleo, el gas y los servicios asociados-, piensa que la industria energética mantendrá o reducirá sus operaciones en el presente. Sin embargo, el futuro, es más optimista. Teniendo en cuenta un plazo de diez años, un 49,7% prevé que el sector se expandirá.
No obstante, las causas para ambas tendencias son muy diferentes. Los más pesimistas indicaron que la falta de crecimiento del negocio energético responderá a la carencia de inversión o incentivos (36,3%), la caída de las reservas (31,4%) y la falta de una política energética seria (15,7%). Por otro lado, los que creen en la expansión de la industria confían en una variable internacional para explicarla: el incremento de la demanda global (54,4 por ciento).
"En un marco general que se percibe particularmente difícil en el presente, la perspectiva se vuelve comparativamente más favorable en el futuro. En este sentido, la visión de la situación más comprometida en la actualidad parece estar vinculada a cuestiones relacionadas con la coyuntura más que con problemas de fondo", aseguró una de las conclusiones del estudio.
En medio de los tironeos en el Congreso por el Banco Central, la brumosa situación en el Consejo de la Magistratura y la falta de datos confiables tras la manipulación estadística en el Indec, la situación institucional parece clave para los profesionales del sector, muchos de ellos con capacidad decisoria en sus empresas, a la hora de engendrar confianza que incite la inversión a largo plazo.
En ese camino, un 54,3% de los consultados considera baja o nula la vigencia de marcos regulatorios que aseguren la rentabilidad en el sector energético. Se trata de la llamada inseguridad jurídica de la que los hombres de negocio se quejan habitualmente. En el documento elaborado por la consultora de recursos humanos la sentencia fue ratificada por profesionales y especialistas.
Desde los últimos años, muchos expertos vienen alertando sobre la caída de la exploración y la producción. Además, varios habían advertido por la posibilidad de que el país se convirtiera en importador neto de crudo. Hace dos días YPF confirmó que debió comprar en el exterior 50 millones de litros de nafta súper para hacer frente a la demanda interna.
Con una visión focalizada ya en el cliente o el consumidor, el 62% de los consultados afirmó que los marcos regulatorios para la prestación de un servicio apropiado tienen en el país una vigencia también baja o nula. "Desde la perspectiva de los entrevistados, la vigencia efectiva de los marcos regulatorios indagados se plantea como una cuestión considerablemente deficitaria", concluyó el informe.
Corrupción pública. Pero ¿cuáles son los problemas que profesionales y especialistas ven reflejados en los marcos regulatorios que hoy rigen esa actividad en el país? El principal es la corrupción, según estimaron. En ese rumbo, los consultados identificaron como los inconvenientes fundamentales a los sobornos (un 39%), el incumplimiento -de las leyes- (30,6%), y la inestabilidad (28,2%).
"Hace varios años que hacemos esta encuesta", señaló a este medio Susana Biset, directora de la consultora. "Los mismos jóvenes profesionales que en 2005 buscaban desarrollo profesional, hoy son ejecutivos que exigen un mejor sueldo. Pero, antes que nada, mantienen y refuerzan otro tipo de vínculo con el trabajo que tiene que ver con la ética, el cumplimiento de las normas y la preocupación por el medio ambiente".
"Ya pasada la crisis de 2001, el profesional busca crecer económicamente. Pero sabe que eso no es suficiente para trabajar en una empresa. Busca desarrollo y buen clima. Pero además hay una fuerte preocupación en el sector por la corrupción y porque hoy esas son las reglas de juego existentes", completo.
En ese sentido, el 51% de los entrevistados afirmó que en el transcurso de su carrera en las empresas focalizadas en el área energética prefiere no tratar con los funcionarios del Estado. La mayoría -un 36,8%- sentenció que esta decisión se debe principalmente a la corrupción existente en el sector.
Etiquetas:
ética periodística
febrero 20, 2010
Había una vez
Había una vez un país llamado "la Argentina" en el cual había cada vez más obreros, inmigrantes o hijos de inmigrantes que huían de la guerra y de la miseria. Estos inmigrantes hacían en su nueva patria lo que hacían en su Europa natal: Trabajaban y trabajaban y en algunos casos, en las cortas noches que les quedaban para descansar luego de diez o doce horas de jornada laboral hacían unos periódicos que solían vender persona a persona, cara a cara.Pero no eran los únicos. Había otros diarios y revistas, algunos de los cuales eran tradicionales de las clases más poderosas y otros que tenían fines comerciales. Así fue creciendo el periodismo en esta Argentina de un tiempo muy lejano, que según las convenciones del tiempo se ubica allá por las primeras décadas del siglo XX.
Los diarios y las revistas que reflejaban las ideas y los intereses de diferentes sectores sociales se multiplicaron y el resultado fue una prensa escrita que se destacó en todo el mundo. De ideas, culturas y experiencias diversas nació una prensa que ganó la admiración de América latina y del resto del mundo.
Los años fueron pasando y diarios y revistas sufrieron los avatares de la lucha política. Algunos fueron clausurados, otros confiscados, otros fueron censurados y muchos se censuraron solos, a veces por miedo y en más de un caso, por placer. Cientos de periodistas fueron secuestrados y la prensa que era un modelo se convirtió de a poco en una mala copia de si misma.
A comienzos de los años 80 hubo alguna esperanza de que aquella prensa en pena volviera sobre sus pasos y se convirtiera nuevamente en una fuente de ideas, imágenes y herramientas para interpretar una realidad cada vez más compleja. Pero fue apenas un sueño, porque pronto llegarían los años 90 y el desenfreno concentrador. Los canales grandes se comían a los canales chicos y las cadenas se comían a los canales grandes. Las cadenas estadounidenses se comían a las cadenas locales y de paso compraban todas las radios que podían. Si no las compraban, algún funcionario se las regalaba. Los diarios se unieron a las radios y cadenas y los multimedias se fueron vendiendo a otros multimedios, más grandes, que venían de afuera. En pocos años, cientos de canales, radios y diarios se repartieron entre unos pocos dueños que, a su vez, vendían parte de sus acciones a compañías extranjeras.
Los multimedios fueron cambiando algunos sus contenidos: El Estado era bobo y había que achicarlo, los indios eran malos y asesinos y los carapálidas eran los que salvaban a la chica y se quedaban con el rancho. De a poco, o no tan de a poco, para enterarse de quién había sido San Martín había que buscar en algún libro antiguo, porque para los multimedios, el padre de la Patria era Washington, San Martín era un militar incivilizado de algún país perdido de América latina y Fidel es un narco cubano que debería estar preso en Guantánamo. Así llegamos al siglo XXI, cuando un medio pequeño y más electrónico que todos los anteriores comenzaba a hacer de las suyas: Internet. Pero eso es otro capítulo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

