
Pero dicho sin la actitud gorila y reaccionaria con la que después del accidente de Once salieron a pegar los grupos que hoy pueden repartir cartas en las embajadas para "denunciar" al Gobierno; mañana pueden firmar cartas a favor de Gran Bretaña en el caso Malvinas; pasado pueden pedir a gritos un ajuste a la ortodoxa y luego publicar largas notas cuando se quitan los subsidios.
En la década del 90 se destruyeron los ferrocarriles argentinos con el apoyo de los mismos medios que hoy se horrorizan por el número de muertos y heridos. Nos horrorizamos todos, pero lo venimos haciendo desde hace 20 años y hemos reclamado incesantemente que se terminara con la política de subsidios al sector privado en lugar de invertir en el servicio público más importante, barato y ecológico del mundo. "Si se puede evitar no es un accidente", dice la publicidad. Lo de hoy en Once no fue un accidente, fue parte de la perversión y el abandono del sistema ferroviario. Lo pagan los pobres y los sectores medios bajos o los que prefieren no usar auto, que son los que estaban hoy en el ferrocarril.