Frases de cabecera

-"Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido." Malcolm X.

octubre 10, 2008

El hombre que sorprendía demasiado



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Fue allá por el 85, cuando todavía faltaban quince años para el fin del milenio y apenas habían pasado un par de años de régimen constitucional. Alguien en El Periodista de Buenos Aires, donde trabajaba por entonces, me pidió una nota. Tal vez haya sido uno de mis jefes y maestro, el gallego Oscar González –perdón por la confianza, estimado vicejefe de Gabinete- o la querida María Seoane. De lo que me acuerdo –otra vez perdón, esta vez por la primera persona del singular, pero estamos en un blog- es de las indicaciones que la columnista de Educación, Adriana Puiggrós me pasó para encontrar el lugar de la entrevista, un centro de estudios ubicado en un piso alto, en la esquina de Córdoba y Callao, con una vista maravillosa hacia el tramo de Córdoba que viene desde el río.
La misión era sencilla, casi ideal para un periodista que quiere salir un rato del vértigo y disfrutar de una charla: Tres intelectuales, de diferentes orígenes políticos e ideológicos habían concebido el proyecto para la creación de la Carrera de Ciencias de la Comunicación Social en la Universidad de Buenos Aires, una institución que los grandes medios habían boicoteado por años.
Como todo periodista, uno mide a los interlocutores para saber qué preguntar y cómo preguntar, pero no es conciente del valor de esos seres de carne y hueso que tiene adelante. Si no pudiera abstraerse de esas cuestiones, la entrevista no pasaría de un “¿se siente realizado?”
Eduardo Vizer, Héctor “Toto” Schmuckler y Nicolás Casullo estaban ahí, cada uno con su historia y sus modos. Ahora que no tengo que entrevistarlos y que, lamentablemente, Nicolás ya no está, puedo decir que el trío me causó cierta gracia, parecían protagonistas de una comedia en la cual cada actor asumía su papel con maestría. Un Vizer verborrágico y claro para decir por qué hacía falta esa carrera; un Toto Schmuckler que me hubiera asustado por su sabiduría, pero cuyo fraseo amable y su tonada lo convertían en un maestro para escuchar. Casullo tenía cara de distraído, a veces parecía mirar sin mirar, una percepción que se rompía cuando disparaba alguna frase brillante que quebraba el clima y proponía otro enfoque para las mismas cosas.
Con Vizer me he cruzado cada tanto en la facultad de Ciencias Sociales, donde desde 1989 funciona la carrera de Ciencias de la Comunicación Social, aunque desconozco si sabe quién soy. A Schmuckler, recluido en Córdoba, sólo lo he visto en algún acto público. Ambos son referentes de estudiantes y profesores de la carrera y un orgullo para la Universidad de Buenos Aires. A Casullo, quien hizo de la carrera de Ciencias de la Comunicación uno de sus hogares más queridos, me acostumbré a verlo y escucharlo. Y a admirarlo.
Algunos años después, fue la figura que impulsó una carta de renuncia de un grupo valioso de intelectuales a un peronismo que se había transformado en la cabeza de una avanzada neoliberal. La lista de “renunciantes” era inmensa, no sé si por su número, pero sí por la cantidad y la calidad de ideas que había detrás.
Las cosas de la vida y de la academia hicieron que durante estos años me haya convertido, sin dejar de ser periodista, en profesor de la misma carrera. Cada vez que escuché a Casullo hablar por radio, o leí sus columnas en Página 12, o tuve el privilegio de sentarme en alguna de las aulas grandes de la facultad para oír sus reflexiones siempre inteligentes y originales sobre el futuro de la disciplina, de la institución o del país, me pasó por la cabeza aquella imagen del tipo distraído, con sus ideas repentinas y originales, que con maestría cristalizó el fotógrafo del diario Crítica cuya toma ilustra esta columna.
Más recientemente, recuerdo haberlo visto durante una reunión de profesores. Estábamos tratando de entender cómo una decisión del decano Federico Schuster para que la facultad mostrara su punto de vista sobre la conducta bochornosa de los medios de comunicación durante el cacerolazo campero en marzo pasado, se había convertido en una campaña de los mismos medios para denostar a la Universidad de Buenos Aires y, con ella, a la educación pública.
Uno tenía la sensación de que cuando Nicolás Casullo entraba a una reunión, valía la pena estar ahí para escuchar, debatir y aprender. Pero también tenía que estar predispuesto a la sorpresa. Porque un rasgo característico de Casullo era su capacidad para poner cara de distraído y repentinamente poner sobre la mesa un razonamiento de ruptura. Como esos equipos con un contragolpe mortal, pero en el mundo de las ideas y de la política.
Escucharlo hablar y opinar fue una buena ocasión para aprender, tanto como aquella vez en los ’80. Luego lo vería en varias ocasiones durante las reuniones de Carta Abierta, tal vez su última y más audaz creación, compartida con dos compinches de su talla como Ricardo Forster y Horacio González. También en alguna reunión de profesores, cuando curiosamente los medios de comunicación se ensañaron nuevamente con la Facultad de Ciencias Sociales, esta vez por un conflicto con las agrupaciones estudiantiles a raíz del boicot presupuestario por parte de las autoridades de la UBA y del ministerio de Educación.
Pero el recuerdo más claro fue en la última reunión de Carta Abierta de la que tuve oportunidad de participar. Casullo estaba ahí y con esa manía que uno adquiere cuando tiene la sensación de que pasó hace rato la mitad de su propia vida, comparé la imagen del Casullo del 2008 con aquella de 1985. El mismo flequillo, pero canoso. La misma mirada, aunque con cierto cansancio casi imperceptible. Recuerdo que me pregunté, para adentro: “¿En qué estará pensando este tipo? ¿Con qué nos va a sorprender ahora?”
Nos sorprendió con su ida definitiva y no voy a recurrir a ninguno de los lugares comunes para mencionar los libros y las ideas que nos dejó. No hace falta decirlo, mejor es leerlo. Sí me interesa recordarlo como un tipo capaz de pensar sin esquemas, de actuar sin prejuicios y de vivir sin las incoherencias a las que nos tienen acostumbrados algunos revolucionarios de café. Supongo que, si hacía falta, ahora en el Paraíso –eso en lo que los agnósticos no creemos- se deben estar preparando para una tormenta de ideas. Allí debe estar llegando Nicolás, para charlar con Arlt, con Walsh, con Urondo, con Raab, con Perón –aunque muchos le hayan deseado el infierno-, con el Ché, que había elegido el mismo día para irse, con el viejo Palacios y, por qué no, con Borges, Cortázar y Bioy, que se deben estar riendo en algún lugar de las polémicas de algunos intelectuales. Rápido, ruego que alguno de los periodistas que están por allá nos mande su crónica, que nos hace mucha falta.

agosto 22, 2008

Cuidado: Promulgaron la Ley del Martillo


Erase una vez un pobre tipo como yo, que escuchaba un programa de radio con gente que me cae simpática. Pero en cierto momento escuché a un colega decir, palabras más, palabras menos, lo siguiente: "Los diputados están discutiendo a fondo el proyecto del Poder Ejecutivo para la estatización de Aerolíneas Argentinas. Es interesante que se hayan puesto a discutir en serio, que no tomen los proyectos del gobierno sin hacer ningún análisis. Lo que ocurre es que cuando volvieron a sus provincias luego de la votación de la resolución sobre las retenciones al agro, los diputados sufrieron mucho. Los medios provinciales avisaban a la gente que esos diputados habían votado las retenciones y los han tratado muy mal. Entonces, no quieren votar lo que les manda el Poder Ejecutivo, lo discuten al detalle".
Coincido con que es bueno que discutan todo al detalle, que no sean simples levanta-manos. Lo que me llama la atención es que los colegas hablen con tanta naturalidad de los aprietes de los medios -en las provincias, los medios están tan sujetos al control de las empresas anunciantes como en el nivel nacional- y que mencionen a los aprietes de "la gente" como si fueran lo más natural del mundo.
Mi duda es: ¿Salgo a la calle con un revólver para exigir que me aumenten el sueldo? Total, después, espero que los periodistas digan que "es bueno que ahora aumenten los sueldos, después de que los amenazaron con un revolver en la nuca". Por lo visto, está vigente la La Ley del Martillo (yo te martillo los dedos y vos firmás lo que yo quiero), pero no la publicaron en el Boletín Oficial.

Periodismo sin escrúpulos

Desde que ciertos intereses económicos decidieron unificar el discurso de los medios que manejan, que son casi todos, algunos colegas se han puesto furiosamente a defender a sus empleadores. Pero como todo converso, hacen las cosas con mal gusto y terminan siendo más papistas que el Papa. Hoy escuché una entrevista que un par de periodistas le hicieron al secretario de Agricultura, Carlos Cheppi. El pobre tipo ya sabía que lo llamaban para hacerlo quedar lo peor posible, pero hizo todo lo que estuvo a su alcance para ser amable y lo fue. Ellos, que alguna vez la jugaron de "progres", le hicieron preguntas dirigidas, con un tonito sobrador. "Usted dice que la reunión con el campo fue buena, pero ellos convocaron a una asamblea y dijeron que la reunión no había sido satisfactoria", le consultaron. Como iba en un taxi y no tenía más remedio que seguir escuchando, soporté estoicamente eso que en medicina se llamaría "mala praxis". Cuando el funcionario les respondió con cierta precisión las razones por las cuales los empresarios habían salido a decir eso, cambiaron de tema. ¿Cambiaron de tema? Puaj, en realidad buscaron escarbar por otro lado y comenzaron a preguntarle por Guillermo Moreno, como si todos fuéramos idiotas y no entendiéramos que era una pregunta para ver si podían ponerlo nervioso y obtener una respuesta agresiva. "Cargarse a un funcionario", era el objetivo. Cheppi respondió como un caballero y entonces pasaron a consultarlo sobre fútbol, una manera de decirle que si no es agresivo, no sirve entrevistarlo.
Supongo que luego habrán entrevistado a Alfredo de Angeli -todos lo llaman durante todo el día para preguntarle las mismas cosas- y que tal vez le hayan consultado si está enojado, si piensa parar el país o si tiene novia. Por suerte, ya había pagado y ya me había bajado del taxi.
Entré en la sede de la facultad de Ciencias Sociales de la UBA, donde funciona la carrera de Ciencias de la Comunicación, mientras me preguntaba, recurriendo a un lugar común: "¿En qué nos habremos equivocado para que el nivel de los profesionales sea tan malo?" Luego reflexioné: El problema es que una cosa es hablar bien, escribir bonito o tener cierto carisma y otra cosa es ser un buen profesional del periodismo. Tal vez sea por esa razón que abundan los periodistas retóricos berretas -perdón, se me escapó el lunfardo- y haya tan poca reflexión, tan poca inteligencia. Por eso cada tanto me refresco la mente leyendo a un Orlando Barone o a algún otro de los pocos periodistas que conservan su capacidad para pensar más allá del anunciante publicitario, del negocio genuflexo con pátina progre o de la otra. A los otros, los leo y los escucho cuando no tengo más remedio y me provocan asco.

julio 16, 2008

Los que nunca están


Copio esta nota, sólo para que los idiotas útiles de siempre -financiados por ciertas empresas, claro-, en lugar de leer, digan "ah, pero es de Página, que es oficialista", como si los otros fueran todos independientes y equilibrados. Como dijo Jauretche -palabras más, palabras menos- uno sabe cuándo hay crisis, "porque del otro lado se juntan todos los hijos de p..." Aquí va la nota. El que quiera leer, que lea. Los otros, que miren TV, que ahí está la "verdad independiente":

El acto de los invisibles
(Por Luis Bruschtein)

Son los que no existen, no son tenidos en cuenta por los medios. Nunca son entrevistados, no opinan. La realidad mediática es uniforme y presenta un escenario donde prácticamente toda la gente opina como la gente, o sea, como ellos, o sea, está en contra de las retenciones, a favor del campo y odia al Gobierno. Tienen frases hechas, ponen piloto movilero automático y a otra cosa. Todas las zonas aledañas al Congreso estaban atestadas de gente, hasta Corrientes, hasta 9 de Julio y hasta San Juan. Todo era un hervidero de gente que marchaba hacia el Congreso a favor de las retenciones. Eran miles y miles de personas muy humildes, trabajadores y de clase media. La discusión sobre cuál acto fue más grande es otra. Lo que llama la atención es que estos miles son invisibles para los medios hasta que aparecen en un acto.

Una columna de los albañiles de la Uocra entró a la Plaza del Congreso por Entre Ríos, tirando petardos, haciendo mucho ruido y cantando: “Soy argentino, soy peronista, y quiero vivir mejor”. Había un grupito que cada vez que el coro empezaba con “soy argentino”, ellos, entre sonrisas cómplices, lo reemplazaban con “soy paraguayo”. Para ellos el canto era así: “Soy paraguayo, soy peronista y quiero vivir mejor”. Internacionalismo proletario.

Toda la zona alrededor de Congreso estaba invadida por una imponente flotilla de cientos de micros destartalados, e incluso camiones que llegaron con las cajas traseras atestadas de gente, como en los viejos tiempos. El Sindicato de Camioneros llegó con cientos de camiones. Entre los manifestantes se decía que los camioneros iban a desfilar con los camiones. Pero se bajaron y formaron una columna con varios miles de manifestantes con los distintivos verdes del gremio. Se había hablado de que la columna de los camioneros iba a entrar por Rivadavia, donde estaban los movimientos sociales, y no por Hipólito Yrigoyen, donde estaban los gremios de la CGT, para evitar posibles choques con la Uocra. Pero la columna del gremio de Moyano se quedó durante todo el acto sobre Avenida de Mayo, desde el comienzo de la Plaza hasta varias cuadras atrás. Otros grupos que venían detrás hacían que la Avenida de Mayo estuviera cubierta prácticamente hasta la 9 de Julio.

Una pregunta se repetía entre los manifestantes en Congreso: “¿Cómo está lo de Palermo?”, por el acto de las entidades ruralistas. Nadie tenía información, pero las versiones circulaban igual. Cuando finalizó el acto, la televisión que cubría el acto de Palermo informó que había 225 mil personas, contra 95 mil de Congreso, aludiendo a “informaciones estatales extraoficiales”. En realidad, en Palermo había seis o siete cuadras cubiertas sobre Libertador y el cálculo no puede dar más de 90 mil personas. En Congreso era más difícil calcular por la Plaza. Pero estaba muy cubierta la cabeza del acto, todo el ancho de la Plaza, más las dos avenidas, hasta donde termina el Monumento. También eran muy cerradas las columnas que cubrían Hipólito Yrigoyen y Rivadavia, desde el principio hasta el fin de la Plaza. Sobre la Plaza había mucha gente dispersa. Y después estaba la columna que cubría toda la Avenida de Mayo hasta la 9 de Julio. Un cálculo real, por lo menos, daría que en ambos casos la asistencia rondó las 90 mil personas, que es muchísimo.

La mayoría de las consignas estaban más relacionadas con el respaldo al Gobierno y la distribución de la riqueza que a atacar a los ruralistas. Pero había unos carteles pegados en las torres de la luz con la consigna “Por el lomo a 80 pesos” que tenían la foto de Alfredo De Angeli y estaban firmados por la JPR (Juventud de Palermo y Recoleta).

En los días previos a la concentración, entre la militancia de los movimientos sociales kirchneristas se rumoreaba que en los barrios la gente estaba enojada por la inflación y el aumento de los precios. Se decía que habían sido varias movilizaciones al hilo y se traslucía un cierto cansancio. Pero ayer movilizaron más que nunca. “La gente tiene bronca por los precios, pero no come vidrio –decía un dirigente de estos movimientos kirchneristas–, vino a este acto con más convicción que a los otros porque tiene instinto de supervivencia, sabe lo que está en juego.”

En general, la concentración tenía, efectivamente, un clima más militante. Las columnas de los movimientos fueron muy masivas. Barrios de Pie y Libres del Sur llevaron miles de personas, al igual que el Movimiento Evita. Pero también las diferentes agrupaciones barriales que se referencian en la CTA marcharon con gran cantidad de manifestantes. Segundo Centenario; la FTV, de Luis D’Elía; Frente Transversal, de Edgardo De Petri, Marcha Grande y otras, además de la Túpac Amaru, de Jujuy, que marchó con Alicia Kirchner y su gabinete junto a la dirigente jujeña Milagro Sala y el cura Farinello. El aporte barrial de la CTA fue importante, aunque no fue lo mismo desde su flanco gremial, donde un sector decidió mantenerse ajeno a esta lucha porque no apoya al Gobierno.

Otros que estaban pero no estaban eran los del movimiento de Castells. Dejaron la carpa de Congreso con tres o cuatro militantes y se fueron al acto de Barrio Norte para apoyar a los ruralistas. Nadie los molestó, al igual que a la carpa de las entidades rurales, pese a que estuvo rodeada por oleadas de personas muy humildes que sabían que los de Castells habían ido al acto de Palermo, probablemente el acto más clasista de los últimos tiempos. La composición social de los dos actos fue muy clara. En el Norte las clases altas y en el Sur las clases bajas. Pero los equívocos no faltaron, por ejemplo que al frente del acto de la gente más paqueta de este país estuvieran las banderas rojas del grupo trotskista MST, que apoya a los ruralistas. O que Eduardo Buzzi –que fuera durante mucho tiempo un aliado de la CTA– agradeciera desde el palco de Palermo “a los compañeros que siguen el acto desde los balcones”, cuando los departamentos de los “compañeros” de esa zona de Libertador no bajan del millón de dólares.

Los intelectuales del espacio Carta Abierta se sumaron a la convocatoria desde un ángulo independiente y se ubicaron junto a los organismos de derechos humanos. Algunos repartían volantes que decían “¡Apagá la tele! ¡Prendé la cabeza!” y otros aforismos. Entre otros estaban los sociólogos Ricardo Forster y Eduardo Grüner y los filósofos Nicolás Casullo y León Rozitchner. Un poco más apartado, el dramaturgo Tito Cossa explicaba su presencia: “La verdad que hay muchas cosas para criticar, pero en ésta hay que estar, acá se juega el futuro, por lo menos que no nos cierren las puertas de ese futuro”.