Frases de cabecera

-"Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido." Malcolm X.

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abril 07, 2010

Radiodifusión: La ley siempre postergada



En 1987, una ONG llamada Centro de Estudios para el Debate sobre la Nueva Argentina (CEDNA), vinculado directamente a los entonces senadores radicales Antonio Nápoli y Ricardo Laferriere. Este último, proveniente de Entre Ríos, fue quien presentó un proyecto de ley sobre el derecho a réplica, que no sólo sus colegas se negaron a tratar, sino que le valió ser borrado de los medios, hasta el punto que desapareció de la política nacional. El CEDNA organizó entre otras actividades una que se llamaba “Los medios de comunicación en la transición democrática”. Cada tanto vamos a extraer las exposiciones de algunos de los invitados, porque a casi 14 años, los temas siguen vigentes y, casi, diría que estamos peor.

Aquí va la exposición del peronista Osvaldo Papaleo, hoy en danza porque fuera el abogado de los Graiver durante el proceso en el que la dictadura les expropió Papel Prensa para repartirla entre los amigos. Pero aquí Papaleo habla de la Ley de Radiodifusión, la TV estatal y la relación entre medios y autonomía. No es el discurso completo y lo resaltado en negrita es obra mía. Que lo disfruten.

El tema hace a la raíz de los medios de comunicación, una ley de radiodifusión tiene que ir acompañada por un concepto de país, por un concepto de radiodifusión y de sociedad a la que se aspira.

En los medios está en disputa el 50 por ciento del poder real que existe sobre la opinión pública y el modo de influenciar a una sociedad, los valores y opiniones del conjunto de las personas que las integran. Por eso es que siempre se demora en legislar. La intención de la ley de radiodifusión siempre ha sido legislar sobre la distribución de potencias, ubicación de las emisoras en el dial, etc., pero nadie debe desconocer que detrás de ello hay una profunda disputa ideológica.

La ley que dictó el Proceso (1981) hablaba de interés público, para nosotros se trata de un servicio público. La diferencia no es semántica, es política: el que dice interés público relativiza la función del Estado como contralor de los medios de comunicación. Yo creo que una ley debe contemplar primero una enorme participación del Estado y de las sociedades intermedias en lo que significa el manejo de los medios. Aquí se entregando y se siguen entregando los medios a manos irresponsables que buscan sólo el lucro. La ley del Proceso, que hablaba mucho del país y la patria, escondía la realidad de un proyecto de dominación. La liberación nacional pasa ahora fundamentalmente por dominar los medios de comunicación, no existe ningún país periférico que no trate de controlar sus propios medios de comunicación si quiere liberarse; y no hay país dominado que no haya entregado sus medios.

La liberación nacional y los medios de difusión están muy ligados, hasta una cuestión como el sistema de color para la TV lleva implícita esa ligazón. Detrás de ella está la definición de un tipo de tecnología y la vinculación con los países que producen esa tecnología. No en vano Latinoamérica –excepto Brasil y la Argentina- tiene el sistema NTSC      de los norteamericanos. Brasil y Argentina fueron a buscar a Europa el sistema de color, en su momento fue una definición política que no parecía trascendente, pero que afectaba a muchos intereses.

Cuando se plantea que la TV o la radio deben ser privadas, no se tiene en cuenta que no es lo mismo que producir aluminio por ejemplo: el aluminio es una opción posible dentro del consumo; pero cuando licitamos medios de comunicación, estamos poniendo a su servicio 30 millones de almas. Entonces, el tema se tiene que trataren forma mucho más seria que otras áreas, incluyendo la económica.

Me atrevería a decir que los países serios tienen TV estatal o con cierto control; los países que producen basura tienen en cambio un sistema absolutamente privatista. Podemos hacer una comprobación rápida: EE.UU tiene una producción totalmente violenta y consumista. Aquí los que viven defendiendo la TV privada critican el nivel del medio actualmente y recurren a producciones del exterior, pero no dicen que “Anillos de oro” es fruto de la TV estatal española, hecha en un sistema sin competencia, con tiempo y apoyo para producir. Si acá privatizáramos todo, ¿qué se haría? ¿Cuatro canales iguales que el 9? (N de la R: Por entonces, manejado por Alejandro Romay)

La verdad es que la televisión privada lleva en sí misma la contradicción que la hace entrar en conflicto con la sociedad o con el proyecto social de país, desde que conlleva el consumismo, la competencia y las ofertas imposibles de alcanzar para la mayoría. Cuando se habla de TV, los publicistas se hacen a un lado, pero son los principales culpables porque las tandas comerciales –aunque mejor hechas- son mucho más violentas y llenas de golpes bajos que la programación en sí. (…)

Soy contrario a las mediciones: si le preguntáramos a los chicos si quieren ir a la escuela contestarían que no, entonces ¿qué hacemos, eliminamos la escuela? Claro, en estos temas, educación o salud, empezamos a poner límites, pero también hay que ponerlos en materia de comunicación que es una forma importantísima de educación. No me importa que los diarios sean privados, porque en última instancia hay de por medio una decisión personal en ir a comprarlos, pero la TV es algo que está en mi casa sin esfuerzo y sin pedir permiso.  (…)

Yo no comparto las ideas del partido gobernante (N. de la R.: gobernaba Raúl Alfonsín), pero lo peor que nos puede pasar a peronistas y radicales es que los medios de comunicación estén en manos del enemigo. No podemos hacer una legislación tan amplia y entregarles los medios, nuestra responsabilidad reside en ello. Sin embargo, la ley pasa siempre para el otro año, las corporaciones tienen medios para presionar, entonces no se trata la ley de radiodifusión. Por lo menos en el mensaje del 1º de mayo no se habló del tema, así que no tengo motivos para esperar que se trate en este período de sesiones.






octubre 10, 2009

Los flashes en las sombras

Fue una noche intensa, una madrugada memorable y un comienzo histórico para los medios de comunicación y para la libertad de expresión. La democracia le pateó el tacho a los zócalos y en su impotencia, los flashes y las cámaras se fijaron en los amenazadores de siempre.

Lindo viernes, a pesar del frío que se alternó con el calor y de cierta tensión que se percibía en el ambiente. Lindo sábado, a pesar de la falta de espacios entre las nubes para que asome el sol. Para qué decir lo que ya está dicho: La Ley de Servicios de Comunicación Audiovisuales fue aprobada. No “se” aprobó, sino que fue aprobada por diputados y luego senadores que, en muchos casos por convicción, en otros por disciplina y en otros por intereses particulares, se convirtieron en la expresión de décadas de trabajo minucioso de organizaciones como la Coalición por una Radiodifusión Democrática, las facultades de Periodismo y de Ciencias de la Comunicación de todo el país, los especialistas, los investigadores, las cooperativas, los empresarios pequeños y medianos que fueron atrapados por la red concentradora de los años 90, los sindicalistas, los otros sindicalistas y los periodistas. Si, los periodistas, que no es lo mismo que los millonarios del periodismo o sus empleados dilectos, los empleados periodísticos de algunas empresas y los chupamedias por vocación. La inmensa mayoría de los periodistas estuvimos y estamos a favor de esta nueva Ley.

El debate legislativo desnudó algunas miserias del periodismo argentino, que no se han debatido simplemente porque bajo la falacia de que no hay que “hacer periodismo sobre periodistas” se coloca la basura bajo la alfombra y se baila alegremente arriba. Algunos colegas de esos que en un par de años pasan de escribir columnas jugadas a hacer jugadas con sus columnas se regodearon con advertencias sobre la pérdida de la libertad de expresión. Se trata, en realidad, de “su” libertad, pero no de expresión sino de ganar sumas superiores a los $ 100.000 mensuales, mientras que la inmensa mayoría de los periodistas asalariados trabaja por no más de $ 2.000. Para colmo, los asalariados pobres deben considerarse privilegiados porque no forman parte de la mayoría de marginados que son “colaboradores”, o sea precarizados que nunca saben en qué van a trabajar, por cuánto y hasta cuándo, que si se enferman pierden su trabajo y que si no se enferman acumulan trabajo hasta enfermarse. Por cierto, esas mayorías de periodistas pobres no tienen el poder de “expresarse” como hacen los periodistas ricos.

La madrugada porteña vivió una movilización memorable y también una generosa operación de prensa para desplegar títulos y zócalos dignos del 1984 de Orwell. Operaciones que mostraron a los senadores Ernesto Sanz (Mendoza) y Gerardo Morales (Jujuy), remanentes de un radicalismo que nos honró con un presidente como Raúl Alfonsín, a quien el mismo poder que hoy Sanz y Morales defienden le enjabonó el piso para que no terminara su mandato. Fue patético ver a legisladores que salieron a "advertir", ¿amenazar? con juicios y demandas, puestas en terceras personas, claro, pero dichas por senadores de la Nación. Pobre expresión de un radicalismo que está ahí, que tiene militantes y locales partidarios en todo el país, mujeres y hombres que saben de censuras mediáticas y de aprietes corporativos, que los han sufrido y que tal vez ahora puedan expresarse a través de una radio o un canal barrial, cooperativo o partidario. Lástima que algunos de sus dirigentes no lo entiendan, salvo que se trate de otra cosa. Porque a veces, para algunos, la democracia es válida si los favorece y se deteriora cuando no sirve para sus intereses o para los intereses de sus socios o amigos. De allí las amenazas, que seguramente los medios concentrados van a hacer efectivas, porque el camino es largo y no es una casualidad que el poder haya bloqueado durante 26 años la sanción de una nueva Ley.

Pero la Ley está, ya no será necesario que los gobiernos democráticos intervengan al COMFER para evitar que haya un general, un brigadier y un almirante en su conducción. Ya no será posible que un grupo tenga 100, 200 o 300 señales desde las cuales se coarte la libertad de expresión. Será más difícil echar a 200 o 300 periodistas de una radio y venderla a un grupo que la convertirá en una repetidora, será más complicado mandar a un periodista con una cámara y un grabador para que escriba una nota, haga una salida para diez radios y haga de movilero para un par de canales de TV, todos del mismo dueño y por el mismo precio. La mayoría salió a festejar, algunos, en cambio, prefirieron las luces de las cámaras para proferir sus amenazas y su bronca. Por una vez, parece que perdieron.