Frases de cabecera

-"Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido." Malcolm X.

febrero 06, 2011

Etica periodística: Noticieros chacales, violadores, asesinos, incendiarios

Crímenes, asalto a trenes, inseguridad, chicas incendiadas por sus novios, suicidios, un futuro oscuro e inevitable, las visiones negativas de la vida que transmiten los noticieros son una violación a la ética periodística y merecen una sanción social. Son reflexiones que surgieron a partir de una excelente columna publicada por el médico psiquiatra Gustavo González Ramella en el blog Puede Colaborar. Todos los subrayados son nuestros.

Cuando se habla de ética periodística, algunos se aburren porque suponen que se trata de cuestiones que sólo interesan a los filósofos. Sin embargo, por su misión formativa, los medios tienen una responsabilidad social que se hace evidente todos y cada uno de los días en los que alguien emite una noticia.
 
En el nivel de la ética prescriptiva de la información, Enrique Bonete Perales (1) dice que “se parte del supuesto de que tales medios además de constituirse en empresas económicas –con una mera racionalidad instrumental que persigue mayores beneficios con mínimos costos- están al servicio de los derechos humanos y del bien común”. La tensión entre los intereses económicos –que incluyen los intereses políticos que los sirven- no es nueva ni evitable, pero es al menos un acto de hipocresía decir que tal fenómeno no existe.

O, como dice Bonete Perales, “la tarea informativa ineludiblemente acaba proponiendo determinadas maneras de pensar y opinar, defiende valores morales y políticos –de ahí su considerable responsabilidad social y moral- y sin pretenderlo se convierte en la principal difusora de modelos de existencia e ideales, con mayor o menor dignidad de ser asumidos por los receptores de mensajes e informaciones”.

Hoy es innegable que la información es, en gran parte, formación y es un rol ético del periodista. “Si cada vez se exige mayor responsabilidad y honradez a los periodistas (como reiteran los códigos deontológicos) es, entre otras razones, por la conciencia social que se está adquiriendo sobre el ‘poder’ que poseen los oyentes y televidentes. No es baladí, por tanto, insistir (…) en que el reconocimiento social del periodismo depende en sumo grado de la capacidad de asumir por parte de tales profesionales unos claros criterios morales con los que se defienda incondicionalmente la dignidad de toda persona implicada en el mundo de la información, piedra angular (…) sobre la que se apoya esta profesión”, dice Bonete Perales.

Soy noticia, tengo mis derechos
“Para saber qué normas son las justas sería preciso tener en cuenta a todos los afectados por ellas –lectores, oyentes, gentes afectadas por la noticia o la opinión, compañeros de trabajo- y no tomar como norma correcta sino la que todos podrían querer: no la que le conviene a mi grupo, no la que a mí me beneficia, sino la que satisface los intereses universalizables”, dice el español Bonete Perales como si estuviera leyendo diarios argentinos o mirando algún noticiero de TV.

La información, cuando se difunde, no es neutra. Hay protagonistas de los hechos; hay lectores, oyentes o televidentes; hay personas relacionadas con ellos; hay intereses particulares. Todo debe ser considerado por el periodista antes de decidir dar a conocer una noticia y cómo darla a conocer.

El uso del lenguaje es una de las claves de la problemática. Lo que se dice, lo que no se dice y cómo se dice o no se dice. En términos de Etica Lingüística de la Información, se puede decir que hay una “responsabilidad moral del periodista en el uso sintáctico, semántico y pragmático del lenguaje”, como dice Bonete Perales.

Dejaremos para otra oportunidad hablar de lo sintáctico –redactar bien, muchachos- y semántica –que lo que se escribe se ajuste lo más posible a la realidad- y nos concentraremos en la responsabilidad pragmática, es decir las consideraciones que un periodista debería tener con el protagonista de la noticia y con los lectores. “Se podría afirmar que los periodistas son responsables no sólo de cuanto escriben (sintaxis y semántica) sino también y sobre todo de las implicaciones de sus mensajes en quienes los reciben, es decir, de los efectos que producen en aquellas personas a quienes se refiere la información”.

No se trata de una cuestión meramente especulativa filosófica. Es muy práctica. Tanto que en la mayoría de los manuales de estilo de los diarios de todo el  mundo hay artículos que marcan los límites pragmáticos, de respeto al lector y al protagonista de la noticia.

Suicidios, asesinatos, chicas quemadas
Vayamos a algunos ejemplos. El manual de Estilo y Etica Periodística del diario La Nación, de la Argentina, señala en su artículo 11 que “A menos que se contraponga con el derecho de la opinión pública a estar informada, la prensa debería evitar toda identificación de parientes o amigos de personas condenadas o acusadas de haber cometido un delito”. Si lo desea, haga una pausa en la lectura y mire algún noticiero de TV. Verá cómo se entrevista a “la tía de la chica que fue violada” para preguntarle “¿Cómo se siente?¿está enojada por la falta de seguridad?¿habría que imponer la pena de muerte o la castración química?”.

En el artículo 12 dice que “los periodistas no deberían comúnmente entrevistar o fotografiar a menores de 16 años sobre temas que incluyan el bienestar personal de tal o cual niño en ausencia de o sin el consentimiento de uno de los padres”. En el nº 13, dice que “la prensa no debe, aunque la ley no lo prohíba, identificar a menores de 16 años que están involucrados en casos de violación sexual, ya fuere como testigos o como acusados”. Haga otra pausa y mire un rato la TV argentina, o lea algunos diarios. No dicen el nombre del niño, pero pueden mostrar el frente de la casa –con calle y número incluidos- o entrevistar al padre, como para que quede claro quién es la víctima.
 
Inseguridad o proinseguridad
Nos permitimos inventar un neologismo, ahora que la Real Academia empieza a seguir el rumbo de los anglosajones. Si hay o no un aumento de la inseguridad, es una cuestión. Pero que ciertas noticias o el enfoque de ciertas noticias promueve la inseguridad, no caben dudas. De ahí el neologismo. (No lo registramos, pero al menos citen la fuente). El manual de Estilo del diario El País, de España, dice en su artículo 1.5, que “las falsas amenazas de bomba no deberán ser recogidas como noticia, salvo que acarreen graves consecuencias de interés general. Estas informaciones no hacen sino favorecer al delincuente y extender ese tipo de conductas”.

Luego, en el punto 1.6, el manual indica que “el periodista deberá ser especialmente prudente con las informaciones relativas a suicidios. En primer lugar, porque no siempre la apariencia coincide con la realidad y también porque la psicología ha comprobado que estas noticias abocan a quitarse la vida a personas que ya eran propensas al suicidio (…)”. Otra pausa en la lectura, ideal para escuchar programas de radio y de televisión en los cuales se habla por estos días de una “epidemia de novios que rocían a sus parejas con combustible y las queman”. No, no se indigne, siga leyendo.

Apenas unas líneas más abajo, en el punto 1.7, el manual de Estilo del País dice que “en los casos de violación, el nombre de la víctima se omitirá, y solamente podrán utilizarse las iniciales o datos genéricos, (edad, profesión, nacionalidad) siempre que no la identifiquen. También se emplearán iniciales cuando los detenidos por la policía o los acusados formalmente de un delito sean menores de edad (18 años)”.  Si a esta altura todavía le quedan ganas de ver noticieros o escuchar informativos radiales o leer ciertos diarios, es porque tiene una alta resistencia a la indignación. Felicitaciones, no es fácil.

(1) Bonete Perales, Enrique. Eticas de la información y deontologías del periodismo. Editorial Tecnos, España, 1995


La nota de Puede Colaborar, inspiradora de nuestras reflexiones.

Cómo te queda la cabeza después de ver el noticiero
“LOS NOTICIEROS ME ANGUSTIAN”/ INSEGURIDAD Y ATAQUES DE PANICO/ SALUD MENTAL Y MEDIOS/ TERRORISMO MEDIÁTICO

Por Gustavo González Ramella,
(Médico Consultor en Psiquiatría y Psicología Médica del Hospital Neuropsiquiátrico de Necochea)

“Si no hay esperanza… y si meten miedo y matan la esperanza doctor, matan la salud mental de la gente”

Esto decía una participante en un grupo de reflexión y terapia, una mujer humilde, pobre, trabajadora, inteligente, de Quequén; con un lenguaje sencillo definía en pocas palabras lo que expresaba con gran riqueza verbal Gabriel Mariotto responsable de la ejecución de la nueva Ley de Medios este lunes en 6,7,8 en la TV Pública. Pero se quedaba corto el funcionario del gobierno nacional cuando decía que los monopolios le habían declarado la guerra “a este gobierno”. Solamente en parte es cierto esto, ya que la narrativa de mis pacientes, y muchos, que participan en los espacios grupales terapéuticos me han demostrado una y mil veces en estos años que el malestar de la cultura hoy pasa por la divergencia entre la realidad real y la realidad mediática, esta última interesada en desalentar, desanimar, vaciar de valores, producir miedo y matar la esperanza como dice aquella mujer del pueblo que cité. Es decir que la guerra no es contra este gobierno democrático: la guerra es contra la conciencia del pueblo y la sociedad de Argentina, y por extensión de toda América del Sur, y no es sólo un problema político contra un gobierno sino con una nueva concepción de Estado Nación y una concepción ideológica y de identidad humanista.

Estas son algunos de los componentes hoy de este malestar emocional, de estos ataques de pánico, angustias y depresiones que vemos los profesionales psi en nuestros hospitales y consultorios y en la vida cotidiana.
 ¿Cómo analizamos hoy y evaluamos el peso de una parte de la conciencia individual y colectiva que intenta tramitar las dificultades impuestas por un régimen neoliberal de mercado que precarizó por décadas a la sociedad y la cultura, que vació la identidad que otorga el trabajo, que empobreció el conocimiento, que destituyó la autoestima nacional? ¿Cómo analizamos hoy y evaluamos la banalización desde los medios monopólicos como el grupo Clarín (TN y tantos otros tentáculos) y Nación, y sus delegados locales y regionales, representantes del privilegio y de las peores cosas que ha hecho la derecha y las corporaciones del gran capital en los últimos tiempos?

-Me pasa que no puedo despegarme de las malas noticias, de las tragedias… porque si no me siento culpable, dirá alguien en estos grupos, quien ha desarrollado hábitos adictivos dolientes y victimistas.
-Me pasa que no puedo mirar la tele que pone mi marido en los noticieros porque me hace mal… me angustia, dirá otra mujer, con otro estilo de personalidad y otra manera de aplicar mecanismos defensivos en este caso evitativos.

Tendríamos que interrogarnos los profesionales e intelectuales que nos relacionamos de una u otra manera con los problemas de la salud emocional de las gentes los modos de aplicarnos más a estas cuestiones del INCONSCIENTE ya no regidas por represiones sexuales y que investiguemos más a fondo también las formas y parcelas de la CONCIENCIA, zonas eficaces y no eficaces, aspectos y dinamismos disonantes o desintegrados, negados o sobredeterminantes que tienen que ver con la mediatización de la realidad y el imaginario colectivo.

Así como el estudio de las formas de construcción de la realidad, entre otros, el armado y percepción de la INSEGURIDAD desde la subjetividad en base a la recepción del interesado bombardeo de los medios corporativos dominantes. Hay una suerte de terrorismo mediático. Los datos aportados por estudios de las Naciones Unidas acerca de la REALIDAD del delito en los diversos países de las Américas [Argentina está entre los más seguros junto a Uruguay y EEUU en base a tasa de homicidios] y la percepción subjetiva de INSEGURIDAD [Argentina está entre los más inseguros y entre los más seguros están EEUU] publicado en Página 12 el 30/01/2011. Es muy claro para quien viaja y analiza el papel de los medios gráficos, televisivos y radiales, mayoritariamente en manos de la derecha y sus corporaciones, en Argentina y el mundo, que la INSEGURIDAD y la SEGURIDAD es un armado estratégico del poder dominante económico cultural a partir de los medios dominantes y que es una estrategia de poder sobre las mentes y los electores.

Claro que para atreverse a estas profundidades del dolor emocional hoy no sólo hay que atravesar los MIEDOS y ESPERANZAS de la multitud [pasiones humanas básicas según Spinoza] sino también los propios miedos y esperanzas de los profesionales e intelectuales tan propensos a amigarse con los intereses de los que más tienen y a precarizarse en un humanismo pálido y mediocre. Integrarse y comprometerse a los estudios y prácticas sociales y políticas emancipatorias es un modo de devolver algo a la sociedad y al bien público de lo recibido y un modo de apostar a la esperanza popular.

3 comentarios:

eVa dijo...

Hola, Rubén. Tengo amigos que me dicen que han dejado de informarse a través de los medios, en parte porque les "roba" su paz interior, su mirada "limpia" hacia la relidad... ¿Crees que podría existir una información basada en otros criterios a los habituales (lo anormal, lo escandaloso, lo polémico, lo brutal, etc.)? ¿Por qué crees que no se experimenta más en ese terreno? ¿Demasiado riesgo (económico, que no social)?
Un cordial saludo y gracias por visitar mi blog -te he contestado-.

Rubén dijo...

Si, vi tu respuesta y me hizo pensar mucho. Respecto de tus preguntas, creo que el negocio hizo confundir los criterios de selección de las noticias. Lo novedoso, lo que rompe la rutina, no necesariamente es noticiable. También tiene que considerarse si es socialmente relevante. Tal vez allí esté la clave.
Es un gusto el intercambio. Además, ambos somos "doctorandos" y nos interesa la ética periodística. Saludos.

eVa dijo...

Yo también creo que debería existir un equilibrio entre lo interesante desde el punto de vista económico y lo necesario desde el punto de vista social.

Y el placer es mío. Me alegra haber encontrado un compañero con inquietudes parecidas a las mías. Un fuerte abrazo y seguimos en contacto.