Frases de cabecera

-"Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido." Malcolm X.

mayo 22, 2011

Mayo, del 68 al 2011. ¿Todo es igual?



“Seamos realistas, pidamos lo imposible”, rezaban los grafitis en mayo de 1968 mientras decenas de miles manifestaban por las calles de París. De aquella revuelta sólo quedó una generación frustrada que se acomodaría a los nuevos tiempos y un folkore revolucionario para consumo de los países periféricos.

Años antes, años después, en el Tercer Mundo se sucedían los intentos revolucionarios, las descolonizaciones y los movimientos de liberación. Las respuestas fueron los golpes sangrientos y la represión, en casi todos los casos alentados desde la misma Europa de la revuelta de mayo y desde los Estados Unidos del hipismo. La frutilla del postre serían luego los ajustes en los países de la periferia, que servirían para evitar las debacles económicas de las naciones centrales.A veces, hasta lo posible termina siendo imposible.
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Se quedaron todos, pero algo cambió
“Que se vayan todos”, gritaron decenas de miles de argentinos en una manifestación de furia contra los dirigentes políticos que habían hundido al país en la fiesta del neoliberalismo con el aval de millones de votos. La Argentina llegó a la crisis de 2001 luego de privatizaciones y de ajustes impuestos por un FMI siempre gobernado por Estados Unidos y Europa. El dolor y la furia de aquellos años trocaron en construcción a partir de 2003, en un país que resucitó de la mano de un movimiento popular pleno de contradicciones y sin las certezas de los estudiantes de la Sorbona, pero que por experiencia propia intuye que hay ciertas palabras que duelen y que es mejor evitar.
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Como reza el dicho popular, “el que se quema con leche, ve una vaca y llora”. Los que se quemaron con “privatización”, “ajuste”, “flexibilización laboral”, “reducción del Estado”, “desregulación de mercados” y otros términos impuestos en los años 90 hoy ven a un neoliberal y lloran. No todos, claro, porque los sectores que se benefician con su porcentaje del botín del ajuste son también numerosos y cuentan con un control absoluto de los medios de comunicación, convertidos en grandes conglomerados que hoy son propiedad total o parcial de grupos económicos de Europa y los Estados Unidos.

La indignación y el sistema
“No estamos en contra del sistema, el sistema está en contra nuestra”, es la consigna más destacada de los acampes rebeldes de la España de mayo de 2011. En una Madrid por la cual circulan 95 vehículos de marcas como BMW, Audi o Mercedes Benz por cada 5 autos de marcas baratas, comenzaron a acampar y protestar miles de jóvenes de sectores medios. Son víctimas de la crisis de los últimos años, que los dejó al margen de los beneficios de una economía europea que hasta hace pocos años enorgullecía a los españoles hasta la soberbia. Es un movimiento que sorprende, como sorprende todo lo que los pueblos son capaces de hacer en sus caminos plagados de errores y de aciertos.

En la España de 2006, como en los Estados Unidos, la fiesta de las hipotecas repartidas como caramelos para los sectores medios ya estaba en crisis, pero nadie quería decirlo, nadie quería tocar “el sistema”. Era mejor acusar a los inmigrantes del Africa o de América latina por lo que estaba por venir. Era más seductor sentirse millonario del mundo y aplicar el criterio lombrosiano para decidir si un turista era un visitante “honesto” o un aspirante a la inmigración ilegal. Las pieles oscuras afuera, las pieles blancas, previa revisión de sus billeteras, adentro y con vigilancia.

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Si los jóvenes que descubrieron que el sistema está contra ellos son herederos de aquellos que pedían lo imposible, o si están emparentados con los que reclamaban que se fueran todos, o si se sienten más cerca de los que a su modo y con sus contradicciones cuestionan las recetas de la madre Europa de las corridas de toros o del padre toro de Wall Street es algo que se verá con el tiempo. Probablemente las primeras consecuencias del movimiento sean un triunfo del policía malo, el Partido Popular, en contra del actual policía bueno, el Partido Socialista Obrero Español. Dependerá de ellos y sólo de ellos decidir entre volverse a casa con el rabo entre las patas o seguir en la calle con muchas ganas de construir otro modelo, el suyo.

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