Frases de cabecera

-"Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido." Malcolm X.

julio 26, 2010

¿Los periodistas deberíamos estar colegiados?

En 2002 le pedimos una opinión a un referente de las cuestiones de ética periodística, Javier Darío Restrepo, a cargo del consultorio específico del FNPI. Pasaron ocho años y el debate sigue pendiente. 

¿Cuáles son los argumentos que se pueden esgrimir en defensa de la colegiación de los periodistas?
Quienes se oponen sostienen que restringe la libertad de expresión y terminan siendo instrumentos de las empresas periodísticas o de las elites de prensa. Me gustaría saber qué piensan ustedes.
Rubén Levenberg

La respuesta de Javier Darío Restrepo:
Los argumentos alegados contra la colegiación están contenidos tanto en la consulta hecha por la SIP a la Corte Interamericana de los Derechos Humanos al referirse a la ley costarricense 4420, como en la opinión de esa corte, del 13-11-85. Los dos documentos giran alrededor del hecho planteado por la Corte: la colegiación obligatoria impide el acceso de todas las personas al uso pleno de los medios de comunicación.
El derecho a la libertad de expresión es dual: o sea, es para informar y ser informado.
La Corte y cuantos rechazan la colegiación, invocan el artículo 11 de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobados por la Asamblea Nacional Constituyente de Francia en 1789, en el que se afirma que en virtud del derecho a la libre comunicación de pensamientos y opiniones, " todo ciudadano puede hablar, escribir e imprimir libremente."
De aceptarse la colegiación, los directivos de un Colegio de Periodistas se convertirían en censores de la libertad de información y de la información en forma impresa. Informar y opinar, en consecuencia, son tareas asociadas a todos los seres humanos.
En el documento opinión de la Corte se mencionan los argumentos a favor de la colegiación:
" La regulación del ejercicio profesional del periodismo tiene el objetivo de proteger al bien común."
Según el Colegio de Periodistas de Costa Rica, el manejo de la información " requiere del trabajo profesional, no solamente capacitado sino obligado en su responsabilidad y ética profesionales con la sociedad."
Es, además, la colegiación " un medio para garantizar la independencia de los periodistas frente a sus empleadores."
La Federación Latinoamericana de Periodistas expresó que la colegiación busca " garantizarle a sus respectivas sociedades el derecho a la liberta de expresión" al enfatizar " la necesidad de democratizar el flujo informativo en la relación emisor-receptor para que la ciudadanía tenga acceso y reciba una información veraz y oportuna."
De lo anterior se puede concluir que si se rechaza la colegiación porque ella restringe las libertades y se la reclama porque con ella se le garantiza al lector una información veraz y oportuna, se trata de un debate legal que resulta definitivamente superado cuando la práctica de la profesión está regida por los más altos valores de la ética del periodista. En efecto, se echa mano de las leyes, como solución, cuando la consistencia ética es demasiado débil para resolver los problemas.


Documentación.

La Corte es de opinión que la colegiación obligatoria de periodistas, en cuanto impide el acceso a cualquier persona al uso pleno de los medios de comunicación social como vehículo para expresarse o para transmitir información, es incompatible con el artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.
Corte Interamericana de Derechos Humanos.
San José de Costa Rica, 13 de Noviembre de 1985.
  Jul 16, 2002 12:00 
 
Un comentario:
Llego bastante tarde a esta página. Pero me parece que lamentablemente, acá como en casi todas las opiniones en contra de la Colegiación obligatoria del Periodismo, se maneja falsamente una opinión consultiva de la CIDH (no es una sentencia, sino una opinión, la cual, por sí, no es verdad ni es mentira, sólo es una opinión)En el texto de la citada opinión, NO SE DICE que "la Colegiación en cuanto IMPIDE...", sino "EN CUANTO IMPIDA...", lo cual gramaticalmente tiene un sentido muy distinto, pero hábilmente oculto por los enemigos de la Colegiación. Esa opinión se basa, para quienes saben leer, en dos hechos: Una, sobre la Ley de Periodismo que existía en Costa Rica. La Corte determinó que esa Ley "IMPIDE". La seguda parte del dictamen-opinión, es sobre la Colegiación obligatoria en general, y dice que "EN CUANTO IMPIDA", es decir, SI IMPIDE, es contraria al artículo 13.De hecho, soy periodista de Venezuela, donde tenemos una Ley de Ejercicio que exige titulaciòn académica y obliga a inscribirse en el CNP para ejercer desde 1974, y hasta el momento (Agosto 31 de 2003), nadie ha demostrado que nuestra Ley IMPIDE la libertad de expresión o el acceso a los medios a nadie.Sólo los dueños de los medios intentan derogarla, porque es obvio que afecta sus intereses políticos específicos, ya que les impide tener sus propios "periodistas" amanuenses en sus respectivos medios.Me gustaria que sobre este tema se abriera un Foro de discusión, no sé si lo hay, para poder discutir la realidad claramente. porque es importante, antes de hablar sobre la Colegiación, aclarar de una vez por todas, que el Periodismo NO ES el ejercicio de la libertad de Expresion o de opinión del periodista, sino sencillamente, un medio para que TODOS puedan accesar los medios de comunicación, como lo establece el artículo 13 del Pacto de San José, y todas las constituciones americanas. Gracias.
Publicado por: Humberto Contreras en jul 16, 2002 12:00

julio 22, 2010

Trabajadores atípicos

Un informe internacional sobre precarización laboral en los medios hablaba hace algunos años de los “trabajadores atípicos”. ¿Quiénes son esos “trabajadores atípicos”? Es un término comúnmente usado para describir tipos de empleo que no son permanentes y/o de tiempo completo. Incluye, aunque no excluye otras posibilidades:
-contratos de corto plazo
-trabajo subcontratado
-trabajo eventual
-trabajo temporario
-trabajo “free lance”

El “freelancer” es una subcategoría del trabajo atípico, que en la Argentina se denomina “colaborador”, en virtud de una mención que hace el Estatuto del Periodista. Es un semi-empleado que vende sus servicios y/o su trabajo a una variedad de empleadores sin ninguna relación de largo plazo con ninguno de ellos. En el estudio realizado por la Federación Internacional de Periodistas con el apoyo de la OIT, las organizaciones gremiales respondieron que alrededor del 34 por ciento de sus afiliados eran –son- trabajadores atípicos y que de ellos el 71 por ciento son “freelancer”.

Los trabajadores atípicos cobran por tiempo de trabajo, por palabra o por nota, depende de cuál sea el país. Entre los freelancer (colaboradores, para la Argentina), cerca del  70 por ciento tienden a cobrar por nota. Un aspecto interesante del informe es que en la abrumadora mayoría de los casos, el empleador es quien decide cuánto cobrará el colaborador o freelancer.

Si bien en el informe no se dice, estos trabajadores no tienen vacaciones; ni horas de descanso; no cobran si se enferman; no pueden jubilarse, por lo cual trabajan hasta que no pueden más y allí su situación miserable se agrava al máximo. Además carecen de estabilidad, no tienen asegurado que vayan a trabajar al día siguiente; usan sus propias herramientas de trabajo; pagan sus impuestos y los que debería pagar el empleador y son utilizados muy habitualmente como ejército laboral de reserva, con lo cual también son rechazados por muchos de los trabajadores estables de los medios.

Lo que tampoco dice el informe ni respondieron las organizaciones gremiales es que la situación miserable de los “colaboradores” o “freelancer” no es considerada por las entidades ni por los Estados como un problema a resolver. Son pura estadística.

julio 20, 2010

Una nota que valía la pena leer

Publicada en Clarín de hoy (martes 20/7/10)
El barrendero empieza a trabajar como abogado en el Central

20/07/10 Desde mañana, Marcelo Iriarte formará parte del área jurídica del banco.
Cuando el reloj del Banco Central marca las 12.15, Marcelo Iriarte mira la bandera enrollada por la lluvia y agradece al cielo. El hombre que trabajó como barrendero de la empresa Cliba durante seis años, colgó el traje fluo la semana pasada. A partir de mañana será parte del área jurídica del Banco Central, una propuesta que eligió entre 12 ofertas. Ahora es abogado, permite que le digan Doctor, y convence: “Estudiar te da la libertad de pensar, de elegir y te crecen las alas. Ahora es mi momento de volar ”.
Iriarte tiene 41 años y vive en Isidro Casanova. Pudo terminar el primario, pero los estudios secundarios quedaron truncos: debió salir a trabajar para ayudar a su mamá y a sus hermanos . Vendió caramelos, escobas y diarios sobre la Ruta 3, y también en los colectivos 96 y 378. Hasta fue chofer de la línea 126, donde conoció a Laura, la pasajera habitual que le insistió para que volviera a los libros. Fue ella quien lo anotó en un bachillerato acelerado. “Pero necesitaba más”, le contaba Marcelo a Clarín el 5 de junio, cuando dio a conocer su historia. Así fue que se anotó en el CBC –lo que más le costó, confía– y después se metió de lleno en la carrera de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Marcelo se especializó en derecho penal y ya recibió la matrícula que lo habilita a ejercer.
“Hoy me pongo el traje de lo que me formé y no es poca cosa para mí, después de tanto esfuerzo. Ustedes seguramente se acuerdan cuando iba a las marchas con los libros de Derecho o cuando en los momentos de descanso me tiraba a leer abajo de un árbol. Estoy cumpliendo mi sueño y les digo que si alguno de ustedes puede estudiar, vale la pena ”. Así se despidió Marcelo de sus compañeros de Cliba. Se juntaron ayer, en la base de Humberto Primo y Bernardo de Yrigoyen. Pero no será por mucho tiempo: a partir del mes que viene, Iriarte les dará asesoramiento legal.
La propuesta del Banco Central fue una de las últimas que recibió Marcelo. Antes, lo tentaron con un puesto en la Procuraduría de la Ciudad y otro en la bonaerense. También lo llamaron de distintos estudios de abogados. ¿Qué lo convenció del Central? “Fueron discretos, no pidieron cámaras y escucharon mis miedos e inquietudes”, responde. Tiene dos maletines: uno negro, algo informal, y otro que encontró barriendo las calles de San Cristóbal. Ese será el recuerdo, el presagio, de lo que fue un antes y un después en su vida.

julio 14, 2010

Estado, medios, oligopolios: Control y consensos

“Las modernas sociedades industrializadas no podrían subsistir sin los medios de comunicación de masas. Todas sus instituciones –el Estado centralizado, el sistema económico basado en el intercambio comercial y la extrema subdivisión del trabajo- serían imposibles, sin la existencia de estos ‘aparatos’ destinados a transmitir información a grandes distancias y de manera prácticamente instantánea. Los funcionarios del gobierno central requieren datos acerca del estado económico y social de las regiones más alejadas de la Capital, los campesinos regulan sus actividades según las cotizaciones en la Bolsa de Cereales que dan los diarios y las radios.
Por estas razones, los sistemas políticos modernos dependen del control más o menos directo que puedan ejercer sobre los medios.

Ningún gobierno puede apoyarse exclusivamente en la fuerza física o en la coacción económica permanente: necesita contar con un mínimo de colaboración por parte de su población y que ésta acepte o, por lo menos, no ataque de manera sistemática y organizada, los valores defendidos por el Estado.

Esta colaboración o aceptación es, en realidad, una unidad de criterios o, como suele denominarlo la sociología, un ‘consenso’ que garantiza la estabilidad del poder.

Quien domina los medios de comunicación de masas puede controlar, aunque no de manera absoluta, la naturaleza del consenso social.

Dichos medios pueden servir a un equipo gobernante (una élite, una clase) para difundir su ideología, atacar la de la oposición, mostrar aquellos hechos que fortalecen su posición y ocultar los que puedan desmerecerla, amenazar a los desvariados o ‘réprobos’, y aún para premiar a quienes acepten sus dictados. Más sencillamente: con los medios se puede hacer propaganda a favor de determinada ideología y, al mismo tiempo, tratar de neutralizar o ahogar la difusión de ideologías contrarias.

En síntesis: Ya sea para mantener el statu quo, o para modificarlo en una dirección determinada, todas las organizaciones políticas de una sociedad determinada (un partido, dentro o fuera del poder, un grupo de presión, etc.) deben asegurarse que un segmento cuantitativamente importante o bien muy influyente de la población, participe de sus valores de ideales.

Esto implica una tarea de difusión ideológica y, por ende, el control de los medios de comunicación de masas. Por eso no es extraño que la lucha por el control de los medios de comunicación de masas sea un componente siempre presente en los debates y conflictos políticos de nuestra época.

El Estado, los propietarios privados y los medios
En los países de economía capitalista, la situación de los medios es con frecuencia paradójica y conflictiva. De hecho, éstos pertenecen en parte o totalmente a propietarios privados (personas físicas o jurídicas). Pero los medios son, tal como hemos dicho, instrumentos potencialmente muy poderosos, tan estratégicos para el Estado Nacional como el sistema de transportes o la Banca. Amenazan con convertirse en verdaderos competidores del Estado.

Necesariamente, surgirán de aquí conflictos entre el Estado y los propietarios de medios y, en consecuencia, diversos intentos por regular el poder de ambas partes sobre los medios, mediante leyes y convenciones.

Por otra parte, los medios más modernos –la TV y la radio- presentan características tecnológicas especiales. Una estación sólo puede alcanzar a su público si tiene asignada una frecuencia de onda exclusiva, que nadie debe invadir. Es necesario pues que el Estado regule la competencia entre los propietarios privados.

El conflicto Estado-propietarios privados de los medios se incrementó con el avance tecnológico de las redes de comunicación, con el crecimiento cuantitativo del público alcanzado.

Un elemento importante colaboró en el presente siglo a hacer más agudo este problema: el monopolio de los medios, ya que éstos, como cualquier otro sector económico dentro de una economía capitalista, tendieron a concentrarse en un número cada vez más reducido de manos”. (…)

De un texto de Heriberto Muraro en “El Poder de los medios de comunicación de masas”, Revista Transformaciones nº 1, Centro Editor de América latina, Buenos Aires, 1974.