Frases de cabecera

-"Si no estáis prevenidos ante los Medios de Comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido." Malcolm X.

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marzo 25, 2016

El negocio de hacer trabajar al cliente y la vista gorda de algunos periodistas

Cada vez que uno adquiere un software para trabajar -sea un usuario individual o una empresa- compra una licencia de un producto que es, en realidad, una versión de prueba. Las empresas de software no lo dicen y una buena cantidad de medios -afortunadamente hay periodistas serios que lo advierten- se limitan a reproducir lo que el fabricante dice.

Entrevistas a ejecutivos, reproducción casi literal o directamente reproducción de gacetillas de las agencias que trabajan para difundir la actividad de las grandes compañías de software. En suma: se presenta una obra teatral perversa en en la que participan cuatro actores principales:

1.- La empresa de software, que hace el lanzamiento sabiendo que el producto no está terminado.

2.- La agencia de prensa que se encarga de seducir a los periodistas especializados en tecnología y a los periodistas en general con gacetillas que les ahorran el trabajo de escribir. Los dividen en dos clases sociales. Si el periodista es un "formador de opinión" o un "famoso", recibirá un regalo de mucho valor, que puede consistir en un viaje para "conocer" el lugar donde se diseña el software, o un smartphone de última generación y en muchos casos, pautas publicitarias para que el periodista pueda tener o sostener un programa televisivo o radial. La otra clase social recibe regalitos varios que representan un costo insignificante y tienen un valor enorme a la hora de conseguir que el periodista recuerde la marca y se sienta comprometido. Finalmente, las mismas agencias forman áreas de "producción de contenidos", en las que pagan a estudiantes de periodismo para que hagan notas y revistas con lo cual pueden regular el mercado y definir si habrá o no empresas periodísticas PyME.

3.- Los periodistas. En general los "famosos" van más interesados en los grandes regalos que en el software en sí. Lamentablemente, los de la clase social tratada como menor, también suelen mostrarse más interesados en un vaso con un logo que en entender qué juego se está jugando. Afortunadamente no son la mayoría. Hay muchos periodistas que se interesan por investigar, cotejan, recuerdan antecedentes, hacen preguntas en nombre del públicio usuario y brindan un servicio a sus lectores, espectadores, a su audiencia. Suelen ser castigados con una ausencia total de anuncios publicitarios. "Si se funden, mejor", es la consigna que parecería circular entre empresas y agencias de prensa.


4.- Los clientes. Son los encargados, involuntariamente, de hacer las pruebas -test- de los productos. El software llega al usuario con problemas y esos problemas irán resolviéndose en la medida que los usuarios se quejen. Casi inmediatamente después de la primera versión, saldrán la 1.1, 1.2 y la serie seguirá hasta que un día el cliente se encuentra con que el producto ya no se fabrica más y fue reemplazado por otro, con algunas mejoras y cero testeo, porque le tocará personalmente ocuparse de hacer las pruebas. 
 

Como escribió Vicent Mosco: "Las compañías venden software mucho antes de que haya sido depurado de fallos, asumiendo que los clientes darán parte de los errores, descargarán e instalarán las actualizaciones y descubrirán cómo resolver los problemas. Esta habilidad de eliminar trabajo, combinarlo para que efectúe múltiples tareas y trasladarlo a los consumidores que no son pagados por ellos, expande mucho más el potencial de las ganancias (Gibbs, 2003; Hardt y Brennen, 1995; McKercher, 2002; Sussman y Lent, 1998)

Mosco, Vincent (2006) La economía política de la comunicación: una actualización diez años después. Cuadernos de información y comunicación, vol II 57-59 

mayo 06, 2011

Las fronteras difusas entre cortesía y corrupción

Algunos manuales de ética de los diarios especifican hasta el monto máximo que puede considerarse aceptable para que un periodista reciba un regalo. Otros directamente lo prohíben. Los pasajes en avión, hotelería y cenas en hoteles cinco estrellas durante una cobertura periodística suelen ser otras formas de hacer obsequios a los profesionales, tal vez un poco más sutiles porque mezclan trabajo con placer y la frontera se hace más difusa. El dilema de los periodistas es si aceptar o no los presentes supuestamente desinteresados que provienen de empresas, políticos, gobiernos y otros protagonistas de las noticias.

Las opiniones son diversas y cuando se toca el tema en los círculos de periodistas, la polémica oscila entre dos polos: Unos sostienen que pueden recibir regalos, viajes y otras dádivas y mantener su independencia respecto de la fuente. Otros advierten que la independencia no es una cuestión de voluntad porque en la relación con las fuentes actúan mecanismos psicológicos muy sutiles que superan fácilmente las barreras erigidas por el profesional.

La voluntad y la energía que el periodista pueda anteponer para no saltar el límite difuso entre la gentileza y la corrupción se convierten además en barreras de papel cuando el profesional es uno de los precarizados que eufemísticamente se llama “colaborador”, que en muchos casos es convocado a aceptar dádivas por la propia empresa periodística, a veces para cumplir con algún compromiso comercial y en otros casos para reemplazar el pago en dinero por la transferencia de un regalo de terceros.  

Entre el material abundante que se produce en todo el mundo sobre el tema, reproducimos más abajo una pequeña muestra, que es un fallo emitido en 2006 por el Tribunal Nacional de Etica y Disciplina del Colegio de Periodistas de Chile. El documento aborda diversos aspectos de la cuestión. Entre ellos, el señalado en el punto 4, que dice directamente que un periodista no puede ejercer su función pública si antes no se libera de todos los factores que pudieran condicionarlo y el 7, que menciona taxativamente la obligación de la empresa periodística de hacerse cargo de los gastos que implica el trabajo del profesional. Tratábamos de imaginar qué ocurriría si en la Argentina se intentara aplicar un dictamen semejante. Los destacados en negrita son nuestros:

 
Con motivo de las fiestas de fin de año, se ha transformado en una práctica habitual que personas o instituciones expresen su agradecimiento mediante premios, regalos o atenciones especiales a quienes estiman.

En el periodismo, como en otras funciones públicas, esta práctica puede alterar su independencia. Por tal motivo, el Tribunal Nacional de Ética y Disciplina, TRINED,  del Colegio de Periodistas de Chile estima conveniente expresar las siguientes orientaciones:

1. La función profesional periodística no requiere otra gratificación –sea premio, regalo o invitación especial- que el salario contratado por tales funciones, y la conciencia del trabajo bien hecho.

2. El Código de Ética del Colegio de Periodistas de Chile estipula en su artículo 32 que sus miembros “sólo podrán recibir premios o galardones periodísticos asignados en mérito de su competencia profesional, y cuando ellos sean discernidos con la participación directa o indirecta del Colegio de Periodistas”. Además, en su artículo 32 agrega que “tampoco aceptará retribuciones o gratificaciones de personas, empresas o instituciones, ya que ello limitaría su libertad para informar sobre éstas”.

3. Especial gravedad ética alcanzan las prácticas extendidas entre empresas que promueven el uso de sus productos a título gratuito –incluso automóviles- por parte de “rostros” de medios de comunicación. Al TRINED le preocupa especialmente cuando esta situación alcanza a profesionales de la Orden.

4. Para un periodista no es posible perseguir responsabilidades  éticas públicas si antes no se libera de todos aquellos aspectos que pudieran condicionar su actuación.

5. El TRINED comprende que existen obsequios que corresponden a lo que, por su valor, legítimamente puede considerarse una cortesía. Para esta calificación, siempre debe tenerse en cuenta que no se vea potencialmente afectada la independencia profesional del periodista.

6. Sin embargo, cuando estos obsequios exceden en valor a la calidad de cortesía, deben devolverse, indicando la razón ética que corresponde.

7. En cuanto a entradas a espectáculos, invitaciones y viajes, cabe recordar que los costos de producción periodística corresponden a la empresa periodística. Y que la independencia de un medio de comunicación se ve afectada, de manera aparente o real, cuando estos costos se traspasan a la fuente informativa.

Tribunal Nacional de Ética y Disciplina, TRINED
Colegio de Periodistas de Chile

Santiago, 15 de diciembre de 2006.

mayo 10, 2010

Etica, periodistas, zanahorias y la duda eterna


La imagen del periodista y la modelo-periodista alabando las virtudes de la aerolínea Lapa, el mismo día en el que un accidente dudoso, protagonizado por la misma empresa, dejaba decenas de muertos y una secuela de acciones judiciales, no es producto de una pesadilla sino de algunas horas de zapping televisivo. Es que apenas unos días antes la aerolínea había inaugurado una ruta a Atlanta, en los Estados Unidos, y varios periodistas habían ido en el viaje inaugural. Parece que hubo uno que no alcanzó a pedir al canal de cable que levantara su nota y lo salvara del ridículo.

La anécdota remite a un dilema ético que suele presentarse a algunos periodistas. Decimos “algunos”, porque con el correr de los años y la baja de la calidad profesional del periodismo, ciertos dilemas se convirtieron en certezas: Dejar hacer, resignarse, vivir la vida lo mejor posible. La profesión, sí, puede interesar, una vez al año, si hay Martín Fierro o si alguien cuestiona su trabajo públicamente.

El tema fue objeto de discusión hace poco, cuando algunos periodistas se espantaron porque habían recibido una invitación a una conferencia de prensa de una empresa, en la cual se prometía que a los “primeros 15 en llegar” se los anotaría para un sorteo de un LCD. Hubo discusión, reflexión y opiniones diversas y el desagrado por parte de los periodistas fue por la obviedad, por la forma burda en la que se los presionaba. La pregunta más difícil de responder fue: “¿Cuál es la diferencia entre que se anuncie en la gacetilla que se hará un sorteo o que el sorteo se haga sin anuncio previo?” Naturalmente, no es un debate saldado. 

Como para ver qué se discutía sobre estos temas hace algunos años, copiamos unos párrafos de Ralph D. Barney en 1975, entonces profesor asociado de comunicaciones en la Brigham Young University de Brigham city. (*)


“…años atrás, un activo promotor de una popular estación radial de Honolulu estuvo agitando una casi irresistible zanahoria ante las narices de estudiantes-directores de diarios internos destinados al estudiantado de nivel medio, con el fin de estimular la publicidad a favor de un conjunto musical popular que estaba presentando en esa temporada un concierto en vivo.

La ‘zanahoria’ consistía en una invitación al director a participar de una recepción especial y exclusiva, para los integrantes del conjunto musical. La presión consistía en el requerimiento –comprendido en la invitación- de que el director trajese consigo, como condición para la admisión, la prueba de que había publicado en su diario notas promocionando el concierto. La recepción se convirtió pues en una gratificación a los directores que habían favorecido los intereses del promotor-persuasor.

Aquella promoción explotó el deseo muy real de directores inmaduros de poder asistir a una recepción y conocer a un conjunto de celebridades, en tanto que capitalizaban las debilidades del carácter ético escasamente desarrollado de los jóvenes.

El ejemplo sirve para dramatizar el potencial existente para corromper a la juventud, pero al profundizar la exploración salen a la luz las ‘zanahorias’ aún más sofisticadas capaces de sobornar a periodistas más sofisticados, o que al menos están destinadas a lograr ese objetivo.

La ‘zanahoria’ de viajes con gastos pagos a tierras distantes y exóticas es lugar común en la industria del turismo. No es ningún secreto que la línea aérea que ofrece el obsequio espera verse retribuida con una publicidad favorable del periodista; pero, al menos en un caso, una línea aérea presentó un itinerario a un periodista y le pidió formalizar el compromiso –por escrito- de escribir una serie de notas como resultado del viaje. El periodista declinó la oferta en este caso, pero el promotor del concierto en la estación de radio aludido arriba defendió su exigencia de notas por parte de los estudiantes directores de publicaciones estudiantiles manifestando que las compañías aéreas siempre esperan que los escritores que aprovechan sus servicios produzcan una serie de notas favorables a su regreso. Ese, dijo el promotor, es el ‘precio que debe pagarse’ por recibir beneficios.

Las industrias del transporte y del esparcimiento no son, sin embargo, las únicas que realizan esfuerzos concertados para lograr corrientes de información favorables para sí. Los citados ofrecen sólo algunos de los ejemplos más espectaculares.

(…) En la política se ha puesto a periodistas en planillas de pago (clandestinamente, tal vez a través de familiares, o aun, abiertamente, como asesores); en el sector económico se hace participar a reporteros mediante la revelación de datos confidenciales, o como participantes secretos, en oportunidades comerciales que los enriquecen; en deportes ocurre muchas veces que el equipo se hace cargo de los gastos de viaje del reportero; y en casi toda actividad se puede recompensar al relator, dándole acceso a información, si minimiza los problemas negativos al comunicarlos a sus fuentes informativas.

(…..) Un periodista debe decidir tempranamente, en momentos de profunda introspección y sustentándose en una base de conocimientos relativamente grande, cuál habrá de ser su postura filosófica y ética hacia la sociedad a la que está sirviendo. El hecho de que la sociedad es crecientemente pluralista ejerce mayor presión sobre él, y es comprensible que contribuya a su confusión y, tal vez, a su indecisión.

Con todo, el temprano cimiento ético que un periodista se erige para su defensa se torna crítico para la superestructura a la que habrá de servir a medida que va tomando contacto con las fuerzas que querrán moldearlo, y que dedicarán no pocas energías en los intentos.

La cuestión no difiere de otros procesos de moldeo: cuanto más blanda y plástica es la arcilla, tanto más fácil será que el transeúnte casual deje en ella su impronta. Cuanto más dura la arcilla, estará tanto menos propensa a que una impronta casual altere su forma.

Así, el periodista que entra en batalla antes de haber empuñado su broquel ético correrá el riesgo de ser llevado a una posición comprometida o de ser puesto en fuga por los mentores del mundo.

(*) Publicado originalmente en el libro “La prensa y la ética. Ensayos sobre la moral de los medios masivos de comunicación”, cuyos compiladores fueron John C. Merrill y el propio Barney. La edición de Eudeba, en Buenos Aires, es de 1981.